Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

De los sueños

Ilustración de Raquel Díaz Reguera.

Era un inmenso campamento al aire libre.
De las galeras de los magos  brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había  quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había para llorar  un llanto bien gustoso.
Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de su sueño, desbaratado por culpa de alguien que se había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba, con ellos hacía  un estandarte de colores.
El aguatero de los sueños llevaba agua a quienes sentían sed mientras  dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.
Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire (...).

Helena soñó que se dejaba los sueños olvidados en una isla.
Claribel Alegría recogía los sueños. Los ataba con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero los niños de la casa descubrían el escondite y querían ponerse los sueños de Helena, y Claribel, enojada, les decía:
- Eso no se toca.
Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le preguntaba: 
- ¿qué hago con tus sueños?. (...)

Los sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación de ferrocarril. Desde el andén les decía adiós con un pañuelo (...).
 (Eduardo Galeano, El Libro de los Abrazos)

Saharauis o los niños de arena.


Ilustraciones de Javier de Blas
A escasas semanas de la fecha prevista para que vengan los menores saharauis a Extremadura, las familias de acogida no tenemos claro que su llegada sea posible. Todo el  estupendo trabajo  que viene realizando cada año la Federación Extremeña de Amigos del Pueblo Saharaui para que se perpetúe el programa Vacaciones en Paz, puede que no dé su fruto debido a la pésima gestión y la deuda que la Junta de Extremadura tiene pendiente con la compañía aérea argelina que traslada a los niños desde los campos de refugiados argelinos hasta nuestra Comunidad.

La deuda que el gobierno de Monago tiene pendiente desde 2014 asciende a 87.000 euros en concepto de traslados y viaje en avión de los menores. Él, el presidente de la Junta de Extremadura, tan aficionado a los viajes en avión (en su caso a Canarias) no da signos de mostrar ningún interés por permitir que el sueño de muchos niños vuele hasta nosotros.
De la falta de responsabilidad de los políticos dependen más de 200 saharauis que sueñan con bañarse en el mar, en la piscina o en el río; comer helados y disfrutar de unas vacaciones lejos de los 50ºC  de temperatura que alcanzan en el desierto.

De orquídeas



Orquídeas. Fotos de Ginebra

En la luz del ocaso
se baña la orquídea blanca
al tiempo que, hechizada, la contemplo.


Esta orquídea lleva conmigo un par de años, y es ahora, en primavera, cuando me regala sus cinco flores blancas. Es una flor tan enigmática como hermosa.
Junto al ventanal tengo un rincón de las orquídeas, un pequeño jardín casero compuesto por algunos tiestos. A pesar de necesitar cuidados más concretos que otras plantas, es emocionante ver crecer sus varas y cuajarse de botones que serán flores bellísimas, las cuales vienen a decorar un mundo lleno de cosas feas que se diluyen cuando, absortos, contemplamos la delicadeza de sus pétalos y el misterio de sus formas.

Sobre un tejado de zinc

Una gata callejera sobre el tejado de zinc. Foto de Ginebra

Había comenzado a llover de madrugada. A las nueve subí la persiana y me saludaron las nieblas agarradas a la cima de la montaña. Llovisqueaba tenuemente; la humedad merodeaba por las huertas y subía a zancadas hasta mi jardín.

Mientras humeaba el café del desayuno, la vi pasar sin prisas entre las macetas, caminando silenciosamente por el césped. Refugiándose debajo de las margaritas. Una gata callejera y bien nutrida. Una buscavidas con suerte. Sus movimientos, entre toscos y elegantes, expresaban la sabiduría de los años vividos.

Más tarde volví a encontrarme con ella. Paseaba satisfecha por el tejado de zinc después de darse un banquete con los restos de comida esparcidos entre los contenedores. 
Me vino a la cabeza la película en blanco y negro, aunque hice la foto en color...

Que hable el silencio





Retratos de Ginebra.
Mi caballo Godín y yo. Foto de Paco Berrocal

Es el silencio algo que viene de forma natural, nadie lo siente llegar, aunque se le espere. No avisa, es así de presuntuoso. De él han hablado poetas, filósofos, dramaturgos, amantes... Que hable el silencio y que calle el ruido.
"Que hable la flor y se calle el cardo", como dijo Manuel.

Lejos: el infierno

Robles y niño. Foto de Ginebra
Dos robles centenarios franquean la entrada de la finca. Han tenido suerte y se han salvado de una tala segura. Doy gracias por ello, pues son esfinges protectoras, seres  rotundos que emanan esa placidez que envuelve  todo el espacio. 

Juan corretea por un sendero que conoce a la perfección, puede trepar las lindes con los ojos cerrados, subir y bajar, correr o buscar la fuente para beber su agua clara.
Ha dormido en el chozo de piedra que construyó su abuelo, el cabrero. Para él es una acampada, una aventura, mientras que para el viejo era una obligación y una forma de vida: dormir en la piedra durante las noches de verano en las que debía cuidar  sus cabras. A todas les asignó un nombre. Todas obedecían a un simple silbido o al ladrido del perro guardián.

A Juan le gusta el campo más que la escuela, aunque es un alumno aplicado que saca buenas notas. Vive una infancia feliz que nada tiene que ver con la desdichada existencia de otros.
A Juan nadie le robó la vida, las horas de juego, nadie le arrebató esa despreocupada alegría de concentrarse únicamente en el gozo de la niñez.

Las montañas vigilan sus movimientos. Son sus ángeles protectores. Nos observan calladas e impávidas, inamovibles en su volumen, inaccesibles en su grandeza.
Todo aquí es limpio, equilibrado, brillante, laxo, delicado y perfecto. Lejos:el infierno.

"Enredos"

Enredada. Foto de Ginebra
Al principio soñaba porque pensaba que era la forma más natural de que los sueños o anhelos se hicieran realidad. Ahora estoy completamente segura de que esto no sucede así, pero le cogí el gusto a "eso de soñar" y se me hace difícil dejar de hacerlo. Más que soñar, lo que hago ahora es imaginar que las cosas podrían ser de otro modo. La Imaginación.

La realidad puede ser una  maraña que trata de asfixiarnos. Cada día vemos la injusticia en las portadas de los periódicos, retratada en imágenes de caras de niños hambrientos y tristes, de cadáveres flotando en el mar, de una guerra que no se termina nunca, de violentos e intransigentes fundamentalismos. Cada día nos topamos con el imbécil de turno que tenemos más cerca: en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en la consulta del médico... Tenemos que lidiar con el inepto que nos dirige y que zarandea nuestra existencia con una decisión equivocada y cruel que nos daña y rompe nuestros esquemas. La injusticia.

La vida puede ser tortuosa y difícil un día, y al siguiente mostrar una sonrisa inocente. Es tan bonita, dicen, como sinvergüenza.
Hoy vivo como puedo o como me dejan, pero siempre he soñado como me ha dado la gana. Ni sé  ni quiero hacerlo de otro modo. La libertad.