Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Peldaños

Desde la escalera. Foto de Ginebra
Apoyada en la barandilla de la escalera, la mujer observa en silencio el bullicio matinal en el piso de abajo.Nadie se ha percatado de su presencia y eso la convierte en una observadora privilegiada, en una curiosa impenitente que puede recrearse en los detalles más corrientes que suelen pasar desapercibidos para cualquiera.
Mira y fotografía en su retina y en su cerebro instantes cotidianos: el tintineo de las cortinas cuando alguien entra del jardín, el sonido ronco de un programa de televisión al que nadie hace caso, el ruido metálico de una lata de refresco o el incesante chivato en el que se ha convertido el aparato móvil de su hija adolescente.

Otea instantes de la vida de los suyos desde su torre enrejada, mientras repasa mentalmente los últimos acontecimientos de su propia vida. Permanece inmóvil durante un buen rato, en una quietud majestuosa, hasta que el clic de una cámara de fotos le saca de su ensimismamiento y comprende que no ha estado sola durante todo ese tiempo; que alguien vigilaba su actitud desde el último peldaño de la escalera.

Comprende ahora que nunca estuvo sola, y ese pensamiento le confiere a su rostro otra expresión distinta, algo que la humaniza, y tal vez entonces decida bajar y mezclarse con lo cotidiano, diluirse en los detalles hogareños y fluir como agua mansa que busca su propio mar.

Vértigo

Sin miedo a las alturas. Foto de Ginebra

Se dice que los gatos tienen siete vidas, no sé de dónde han sacado ese dicho y esa cifra, e incluso  el porqué se le adjudica el siete al gato y no a otro animal, cuando sabemos que la esperanza de vida de un minino es mayor de siete (el gato con mayor esperanza de vida registrada es de 34 años y la media está en 15 años, que no vidas). Parece que "las vidas", pues,no tienen mucho que ver con "la esperanza de vida".

Me pregunto si será cierto o no, entonces, que un felino viva y muera siete veces. Me pregunto también si esto es o puede ser extensivo a los  humanos, porque hay individuos que sobreviven a tantas calamidades físicas, psíquicas o circunstanciales, que nos sorprende que puedan "resucitar" una y otra vez durante una sola vida. Nos sorprende y nos admira esa capacidad de resurrección espiritual, emocional y física que comprobamos en algunos de nuestros semejantes (pienso en grandes hombres y mujeres como Mandela o Malala, que siendo sólo una chiquilla ha vencido a la muerte mirándole a la jeta y tenía los rasgos de la intransigencia, de la intolerancia y de la sinrazón).
Pero hay más; centenares de personas que viven al límite en contextos de guerra, miseria y caos, y aún así puede que incluso no hayan perdido la esperanza. Ahora pienso en los desterrados de Siria a los que se les cierran las fronteras y esas imágenes me golpean en la cabeza y me producen el vértigo de un abismo que conduce hacia el infierno.


Reflexiones aparte, de lo que sí parece que estamos seguros es de que los gatos, por su fisonomía, simulan desafiar constantemente a la fuerza de gravedad como queda constatado en la imagen. Por cierto, por un momento pensé que saltaba encima de mi cabeza y huía sin ningún sentimiento de culpa. A eso se llama frialdad.

De los sueños

Ilustración de Raquel Díaz Reguera.

Era un inmenso campamento al aire libre.
De las galeras de los magos  brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había  quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había para llorar  un llanto bien gustoso.
Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de su sueño, desbaratado por culpa de alguien que se había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba, con ellos hacía  un estandarte de colores.
El aguatero de los sueños llevaba agua a quienes sentían sed mientras  dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.
Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire (...).

Helena soñó que se dejaba los sueños olvidados en una isla.
Claribel Alegría recogía los sueños. Los ataba con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero los niños de la casa descubrían el escondite y querían ponerse los sueños de Helena, y Claribel, enojada, les decía:
- Eso no se toca.
Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le preguntaba: 
- ¿qué hago con tus sueños?. (...)

Los sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación de ferrocarril. Desde el andén les decía adiós con un pañuelo (...).
 (Eduardo Galeano, El Libro de los Abrazos)

Saharauis o los niños de arena.


Ilustraciones de Javier de Blas
A escasas semanas de la fecha prevista para que vengan los menores saharauis a Extremadura, las familias de acogida no tenemos claro que su llegada sea posible. Todo el  estupendo trabajo  que viene realizando cada año la Federación Extremeña de Amigos del Pueblo Saharaui para que se perpetúe el programa Vacaciones en Paz, puede que no dé su fruto debido a la pésima gestión y la deuda que la Junta de Extremadura tiene pendiente con la compañía aérea argelina que traslada a los niños desde los campos de refugiados argelinos hasta nuestra Comunidad.

La deuda que el gobierno de Monago tiene pendiente desde 2014 asciende a 87.000 euros en concepto de traslados y viaje en avión de los menores. Él, el presidente de la Junta de Extremadura, tan aficionado a los viajes en avión (en su caso a Canarias) no da signos de mostrar ningún interés por permitir que el sueño de muchos niños vuele hasta nosotros.
De la falta de responsabilidad de los políticos dependen más de 200 saharauis que sueñan con bañarse en el mar, en la piscina o en el río; comer helados y disfrutar de unas vacaciones lejos de los 50ºC  de temperatura que alcanzan en el desierto.

De orquídeas



Orquídeas. Fotos de Ginebra

En la luz del ocaso
se baña la orquídea blanca
al tiempo que, hechizada, la contemplo.


Esta orquídea lleva conmigo un par de años, y es ahora, en primavera, cuando me regala sus cinco flores blancas. Es una flor tan enigmática como hermosa.
Junto al ventanal tengo un rincón de las orquídeas, un pequeño jardín casero compuesto por algunos tiestos. A pesar de necesitar cuidados más concretos que otras plantas, es emocionante ver crecer sus varas y cuajarse de botones que serán flores bellísimas, las cuales vienen a decorar un mundo lleno de cosas feas que se diluyen cuando, absortos, contemplamos la delicadeza de sus pétalos y el misterio de sus formas.

Sobre un tejado de zinc

Una gata callejera sobre el tejado de zinc. Foto de Ginebra

Había comenzado a llover de madrugada. A las nueve subí la persiana y me saludaron las nieblas agarradas a la cima de la montaña. Llovisqueaba tenuemente; la humedad merodeaba por las huertas y subía a zancadas hasta mi jardín.

Mientras humeaba el café del desayuno, la vi pasar sin prisas entre las macetas, caminando silenciosamente por el césped. Refugiándose debajo de las margaritas. Una gata callejera y bien nutrida. Una buscavidas con suerte. Sus movimientos, entre toscos y elegantes, expresaban la sabiduría de los años vividos.

Más tarde volví a encontrarme con ella. Paseaba satisfecha por el tejado de zinc después de darse un banquete con los restos de comida esparcidos entre los contenedores. 
Me vino a la cabeza la película en blanco y negro, aunque hice la foto en color...

Que hable el silencio





Retratos de Ginebra.
Mi caballo Godín y yo. Foto de Paco Berrocal

Es el silencio algo que viene de forma natural, nadie lo siente llegar, aunque se le espere. No avisa, es así de presuntuoso. De él han hablado poetas, filósofos, dramaturgos, amantes... Que hable el silencio y que calle el ruido.
"Que hable la flor y se calle el cardo", como dijo Manuel.