18 julio 2019

"Pretérito imperfecto"

Reliquias del pasado. Foto de Ginebra

No hace tanto tiempo, antes de que los teléfonos móviles se apropiaran de nuestras vidas, paseábamos por las ciudades observando los árboles, el tráfico ruidoso, las palomas de las plazas y, sobre todas las cosas, la gente.
Mirábamos escaparates y tomábamos un helado o un café sentados en una terraza en amena conversación con amigos y/o conocidos, con familiares.
Si precisábamos ponernos en contacto con alguien teníamos a mano una cabina de teléfono, que eran equipamientos urbanos de lo más común y más práctico (si llevabas encima monedas, claro está).

Ahora todo eso ha cambiado y las cabinas telefónicas, las pocas que quedan en algunas ciudades, sirven para que los turistas se fotografíen a su lado como si de monumentos históricos se tratase, o para acomodarse y aliviar la  intensa carga de teclear el móvil.

Me da la impresión de que lo que ocurre a nuestro alrededor ya no existe porque se nos pasa desapercibido. Existe sólo un artilugio en nuestras manos que nos atrae como un imán y nos hace bajar la cabeza y ausentarnos del presente, de cualquier actividad cotidiana. Ya no miramos lo que ocurre, lo que pasa en las calles, en las plazas, en las aceras, en los comercios o en los parques... miramos hacia abajo como si esa posición erguida que nos habilitó como humanoides sea, de alguna forma, un viejo recuerdo inútil del pasado.

07 julio 2019

La Conversación

La conversación. Foto de Ginebra

El paisaje cercano, a veces, nos sorprende tanto como aquel que aún no conocemos y se nos aparece de sopetón cuando  lo vemos por primera vez. Este puede ser el caso del Callejón de don Álvaro, en pleno casco histórico, que cambió su apariencia cuando una artista local ideó esta escultura que fue expuesta de forma temporal y que pude observar de forma casual en uno de mis paseos fotográficos.

El paisaje y las cosas también cambian con la luz y con los ojos de quienes lo contemplan; también mediante los acontecimientos que en cada espacio se desarrollan.Unos ven más allá de lo aparente, otros no ven nada, miran, pero no ven. Hay detalles que cuentan o que lo dicen todo, detalles que pueden pasar desapercibidos y que, en mi opinión, son la clave de la imagen que percibe nuestra mirada. El acierto está, en mi opinión, en saber descubrirlos.

En este caso concreto, es la conversación velada de dos adolescentes al otro lado de los óvalos, lo que genera una historia en este espacio per se estético y estático. No sabemos de qué hablaban, pero su presencia en el preciso instante en el que tomé la fotografía puede ser un elemento fundamental en la imagen.

02 julio 2019

Pensamientos

Vallecereza, siempre a mano. Foto de Ginebra


Saber que, a veces, pronuncia tu nombre, que tu persona o el concepto que el otro tiene de ti, forma parte de sus pensamientos, es una sensación reconfortante y tibia; aterciopelada y emocionante. Humana, en una palabra. Creo que lo llaman amor.

En ocasiones, sólo con eso basta y se impone un silencio necesario, algo así como respirar, coger aire, taparse la nariz y tirarse al río, "al mismo de siempre". Mientras el uno vuela a merced del viento,  el otro hunde sus pies en el terruño bravo de las sierras que jalonan un valle de cerezas con forma de corazón.

20 junio 2019

"Farolas y faroles"

Faroleando. Foto de Ginebra
Hoy he escuchado en la televisión una noticia que me ha hecho reflexionar un buen rato. Se trata, en resumen, de un joven colombiano que vive, como otros tantos son ya cien personas,en una tienda de campaña frente al ministerio de sanidad en el centro de Madrid. Acampados hace tiempo, protestan porque no tienen vivienda , son personas sin hogar.
Este chico, menor de edad, estudia un ciclo formativo de grado medio sobre electricidad y estudia debajo de una farola sentado en un muro junto a la tienda que comparte con su hermano. Su madre duerme en la tienda de al lado. 
Ha recorrido varios albergues y centros desde que su madre perdió el trabajo y el subsidio, también la casa en la que vivían, lógicamente.
Bajo la farola hace sus tareas en un cuadernillo cuadriculado de espiral,lleno de dibujos de instalaciones y cables. No tiene mesa de estudio, ni los medios  para estudiar en las condiciones necesarias, pero lo que más echa de menos es, según explicó, la comida y tener un lugar para su aseo personal.

Como profesora me siento realmente impotente y triste ante esta amarga realidad, no sólo porque la educación (con los medios y la calidad precisa) sea un derecho universal, sino por la terrible paradoja de presenciar cada día como aumentan los casos de abandono escolar y absentismo pasivo entre los alumnos y alumnas de este mundo "rico y desarrollado" en el que nuestros hijos e hijas adolescentes viven como peces en el agua, sin ninguna preocupación urgente que no sea coger el móvil, jugar a la play y salir de fiesta, mientras somos testigos de la otra cara de la moneda. 

Puede parecer una exageración, pero observo que esto que describo forma parte cada vez más de la cotidianidad familiar, educativa, social, aunque no se trate de la totalidad de nuestros jóvenes, que preparados, competentes y responsables, "haberlos haylos", como las meigas.

El caso es que si comparamos las dificultades del estudiante sin hogar que estudia debajo de una farola y las facilidades de la mayoría de nuestros estudiantes nacionales de su misma edad (cada alumno/a de educación secundaria obligatoria nos cuesta a los contribuyentes unos seis mil euros por curso académico) es normal reflexionar sobre la injusticia y la falta de oportunidades de unos y la incompetencia de otros o lo que es lo mismo que Dios le da pan a quien no tiene dientes...

Y desde este rincón le deseo a ese joven anónimo (que ya no lo es tanto) que el sol llegue hasta donde está y que le ilumine como se merece...

09 junio 2019

Creaciones




Corizonas. Fotos de Ginebra
Y el hombre tuvo necesidad de expresar lo que sentía en su interior y comenzó a tallar pequeñas figuras, modelarlas con barro y dejarlas secar al sol; pintó animales aprovechando las rugosidades y abultamientos de la piedra en paredes y techos de las cuevas en las que habitaba y nació el arte. Y necesitó escuchar el silencio y los sonidos cercanos que le circundaba: el vuelo de las aves, el viento y la lluvia, el roce del animalillo entre la hierba o el estampido violento de las manadas...

Y del silencio y los sonidos nació la música que lo envolvería todo ,como un precioso y delicado papel de regalo, y el hombre ya no pudo vivir sin estos dones porque de hacerlo lo suyo ya no sería vida. 

Y creció en espíritu e hilvanó palabras en unas ristras que luego fueron poemas y luchó por seguir expresándose y esta pugna se convirtió en un derecho fundamental que está escrito y... seguimos creciendo mientras la música lo inunda todo.

22 mayo 2019

"Altos vuelos"

Tengo una casa en un árbol. Foto de Ginebra

Tengo una casa en un árbol. Hasta allí vuelo cuando la fatiga y el hastío me vencen y necesito un descanso espiritual. Allí duermo algunas noches, envuelta en un nombre y unos brazos fuertes. Hasta lo alto de mi casita en el árbol, llega el diverso trino de distintas aves y el chapoteo de algunas gotas al resbalar por hojas y ramas.

Y duermo arrullada en  sueños, bajo los ojos grises de quien los vela. Y amanece otro día y abandono el nido y encadeno las tareas una tras otra; y me zambullo otra vez en lo cotidiano, en lo de abajo y sigo el ritmo marcado, el de hoy; el de mañana...

05 mayo 2019

Vértigo azul



A veces el azul intenso de la montaña en invierno le provocaba una especie de vértigo  que tenía que ver con la sensación de comerse a bocados la belleza que una mañana soleada y fría, y un paisaje sublime pueden producir en el momento de la contemplación.


El humo de las hogueras en la ladera, fundido con las nubes adosadas a las cumbres o en altura, son el marco propicio para que este pequeño horanzo se sume en un plácido letargo invernal.

Paisajes en azul. Fotos de Ginebra

El granito de estas rocas imprimen cierto misterio al castaño que, desnudo, va perdiendo sus toques de color. Todo se ralentiza, cada elemento vivo detiene su reloj biológico y un ciclo toca a su fin.