20 septiembre 2018

"Exceso de sol"

Mujer con gafas de sol. Foto de Andrea M

-¿Dónde vas?
-A caminar un rato.
-Déjame que te haga una foto. No tengo ninguna en la que aparezcas con tu nuevo corte de pelo. Quítate las gafas.
-No me quito las gafas y no me gusta que me hagan fotos.
-¡Venga ya! sólo una. ¿por qué no te quitas las gafas? ¿Has fumado?
-No, no he fumado. No me quito las gafas porque acabo de llorar.
-¿Acabas de llorar? ¿y eso?
-Pues ya ves, tampoco tengo que dar explicaciones. Cuando te vienen las ganas por el motivo que sea, pues una se desahoga y, simplemente, llora hasta que suelta todo y ya está.
-Está bien, ponte ahí, sobre la pared. La luz es justo la que necesito...
-Date prisa, suena un blues en el programa que escucho y me lo estoy perdiendo...

En la historia de la humanidad se pueden contabilizar inventos maravillosos: el fuego, la imprenta, la cámara fotográfica, los medios de locomoción, internet...pero siendo prosaica, voy a elegir tres objetos cotidianos que echaría mucho de menos si no los tuviese a mano: un reproductor de mp3 con cascos para transportar la música que me gusta escuchar cuando estoy fuera de casa ( y de paso transportarme) las zapatillas de deporte (confieso que no me las quitaría excepto para estar en casa) y las gafas de sol (estoy empezando a sufrir cierta fotofobia, debe ser por la excesiva luz solar en estas latitudes en las que vivo).
Cosas sencillas y simples al alcance de cualquiera y, en realidad, tres tesoros valiosos que consiguen hacerme más agradable la existencia. Soy afortunada por no extralimitarme en los deseos. Menos es más.

09 septiembre 2018

Cigarrillos y baladas

París, la nuit. Fotografía de Brassaï

En un rincón del atestado salón, entre el humo de los cigarrillos y la balada procedente del incansable gramófono, una mujer joven reposa su brazo sobre el hombro de su acompañante. No vemos el rostro de él, sólo la sonrisa explícita de ella.En la imagen leemos la complicidad que destila ese momento íntimo entre ambos. ¿Una proposición?, ¿tal vez una confesión o una promesa?.No parece una despedida, más bien un reencuentro esperado.

Sea como fuere, es algo que posiblemente no sabremos porque ese instante fugaz sólo les perteneció a ellos y, de alguna forma, al fotógrafo que captó la imagen a ambos lados del espejo para atraparnos a todos en ella; para hacernos partícipes de la intimidad de dos enamorados en las noches parisinas de hace décadas.

26 agosto 2018

Mirando al norte


Navega a favor del viento un velero solitario. El mar manso, el faro en el islote, la brisa fresca en mi cara.Verano del norte, estío de cielos encapotados y chubascos imprevisibles.


Prepara su caña con la paciencia de un artesano.Cebo vivo y toda la paciencia del mundo.Hoy comerá lubina salvaje. 
Al otro lado de la bahía, los bañistas se refugian de las miradas entre las rocas. El agua y el viento han hecho un brocado en ellas, como si fuesen canteros de catedral.


Paisajes marítimos. Fotos de Ginebra

18 agosto 2018

Pétalos


Había en sus pétalos impresas unas gotas de rocío. Sobre los pequeños cantos de río se yergue poderosa una rosa que alguien cortó del rosal. Efímera su existencia y plena su belleza.

Colores. Fotos de Ginebra

Pequeñas mariposas revolotean en torno a la lavanda. Al fondo, el mar azul y el vuelo de las gaviotas sobre nuestras cabezas.

12 agosto 2018

Contemplación

A caballo. Foto de Paco Berrocal

La previsión meteorológica no era muy halagüeña, en el sentido de que se esperaba una subida importante de temperaturas que podrían dificultarnos el trayecto fijado en unas cuatro horas de duración. Decidimos madrugar. Apenas había amenecido, ya estábamos en la finca ensillando a nuestros caballos y preparándolos para llegar a Terrona Alta y de ahí, atravesando el valle, ascender hasta Rincón, ya en la sierra de S Pedro.

La conversación da paso al silencio, a la contemplación del paisaje y del vuelo tranquilo de las rapaces y los buitres que planean no muy lejos de nosotros. Las vacas pastan tranquilas en la dehesa, transmiten una sensación de placidez absoluta solo interrumpida por los ladridos del pitbull y el bordercollie que nos acompañan.

A ratos me alejo de los demás jinetes, troto y galopo a solas con mi caballo. Le hablo, le cuento cosas porque me gusta conectar con él sin la presencia de los otros. Le acaricio y él responde a estos gestos moviendo sus orejas y torciendo su fuerte cuello para observarme con su ojo oscuro y profundo.

El paisaje va cambiando del llano al valle y de éste a la montaña. Del amarillo al verde, en una amplia gama cromática que se queda impresa en mi retina. Pienso en estas horas que son un regalo para la mente y el cuerpo. Momentos sublimes, instantes para rememorar una y otra vez. Emociones que constatan que la felicidad es una sucesión temporal de sentimientos reconfortantes, de vivencias plenas y sencillas que nos aportan ese  equilibrio personal que nos conecta a todo lo que nos rodea, a la naturaleza de la que somos solo una parte, aunque nos pensemos lo contrario.

03 agosto 2018

De almas

Desolación, serie paisajes pedregosos. Foto de Ginebra

En este armario guardo mi alma. Entre las camisas y pantalones cuelga, limpia y planchada, de su percha. Por tratarse de una prenda valiosa la llevo conmigo solamente en ocasiones especiales. Un alma es para toda la vida. Un alma no se arregla.
Si se rompe, no hay otra.

Por eso la reservo para cuando voy a sitios adonde no se debe ir si alma. Cuando voy al poema, por ejemplo. Cuando acerco el olfato a una flor aromática o cuando, al alzar la copa de buen vino, dirijo unos instantes la mirada a los colores de la tarde.

De niño, en cambio, no iba sin mi alma a ningún lado. Ni para dormir me la quitaba. La echaba a volar junto a los ángeles que surcaban en bandada el cielo de mi infancia. Y, al caer la noche, se la enseñaba a Dios, que de tanto conversar conmigo me parecía un miembro más de la familia.

El caso es que ya no salgo casi nunca con el alma a la calle. Se me hace que la gente, al verme, lo va a saber todo de mí. O que el viento y la lluvia me la podrían arruinar. Los ángeles, mientras tanto, emigraron lejos,a otras infancias, y Dios murió como mueren todos los abuelos entre dos crepúsculos.

Eso sí, cuando me pongo el alma gano en dimensiones. Me revisto de una atmósfera que me hace más brillante que mi perro. Soy de pronto transparente. Soy espiritual. Ataviado con mi alma, me prolongo en altura; alcanzo mayor profundidad y me dilato, en fin, en todas direcciones hasta dejar atrás la última estrella transitoria.

Pero luego, al borde de la eternidad, me cruzo con la mirada de mi perro, sentado y melancólico cerca de la puerta con su alma peluda de perro, y no sé qué me da dejarlo ahí solo, abandonado a las horas polvorientas, sin nadie que le hable y le ponga la comida. Vuelvo entonces sobre mis pasos y hasta la saliva me sabe a amistad. Restituida a la percha del armario la ingrávida envoltura, me visto mis humildes y carnales pingos de diario, acaricio al perro, lo saco a pasear.

(Mi alma y mi perro, en Autorretrato sin mí. Fernando Aramburu. editorial Tusquets)

30 julio 2018

Luces y Sombras

Claroscuro. Foto de Ginebra

Ayer escuchaba la noticia de la liberación de la activista palestina Ahed Tamimi, tras ser condenada a ocho meses de cárcel por abofetear a un soldado israelí. Me alegré de su liberación y de su ánimo en cuanto a seguir resistiendo, a su fortaleza y empeño que no ha sufrido mella tras su paso por la cárcel.

Ahed se mostraba alegre, rodeada de su familia y de cientos de palestinos para los que esta joven es ya un símbolo de resistencia; pero al ser entrevistada en un momento de la noticia, habló de los centenares de menores palestinos arrestados de forma ilegal, que continúan en prisión. Amnistía Internacional habla de más de trescientos cincuenta menores detenidos y encarcelados, niños incluso de cinco años acusados de apedrear a los soldados, criaturas que sufren todo tipo de humillaciones y abusos dentro de los centros de detención. 

Me pregunto qué sentido tienen las leyes internacionales que prohíben el encarcelamiento de menores ¿Para qué están sin no se cumplen?.Es descorazonador leer la legislación y comprobar que en la mayoría de los casos que tienen que ver con aspectos humanitarios las leyes se incumplen constantemente y no pasa nada. Da igual que lo hagan países democráticos o dictaduras, el resultado es siempre el mismo: los tribunales internacionales miran hacia otra parte.

Este dato me entristeció, lógicamente. En la misma noticia se entreveraron la "cara y la cruz" que tiene implícito  cualquier acontecimiento; la luz y la sombra, ese claroscuro que todo en la vida lleva aparejado y que parece un lote único con el que tenemos que cargar en nuestra "mochila vital". Así pues, hay una delgada línea entre la felicidad y la tristeza, tan tenue que a veces el paso de lo uno a lo otro se lleva a cabo en menos de lo que dura una noticia en el telediario.