Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Olivos milenarios


El otro día vi un documental sobre los olivos milenarios que pueblan la mancomunidad del Sénia o Territorio de Taula del Sénia, integrado por 22 municipios, en una zona geográfica dónde confluyen tres comunidades autónomas (Valencia, Aragón y Cataluña).
El caso es que estos olivos majestuosos de origen romano tienen una antigüedad de hasta 1700 años y, sorprendentemente, siguen actualmente en producción (¡qué pequeños somos los seres humanos, pensé, comparados con otros seres vivos, y qué grandes nos creemos, en nuestra egocéntrica estupidez!).
Sus formas y su longevidad me maravillaron y suponen, desde mi opinión personal, un motivo de celebración, pero que sigan ofreciéndonos su fruto en forma de aceite de alta calidad ya me parece un milagro.
Parece ser que antes de 2005, cuando estos municipios decidieran organizarse en mancomunidad, no se valoraba la riqueza natural y económica de este árbol, pues algunos fueron sustituidos por otros cultivos o arrancados de su lugar de origen para adornar rotondas o jardines privados. Me imagino que algunos de estos ejemplares morirían irremediablemente.

Pero el caso es que los habitantes de esta zona han tomado conciencia del enorme potencial económico y natural que poseen y han sido capaces de crear una infraestructura  económica sostenible a partir de la aceituna. Los árboles han sido catalogados y protegidos. En torno a ellos se han consolidado industrias agroalimentarias de tipo artesanal cuya seña de identidad es su apuesta por el valor ecológico en la producción; empresas de ocio y actividades al aire libre; negocios de hostelería y restauración, etc... en fin, una larga cadena empresarial que repercute en un crecimiento económico de sus habitantes y en la protección del olivar milenario.

Las actividades económicas no están reñidas con la protección del medio ambiente como parece que nos tienen acostumbrados. Todo lo contrario. La sostenibilidad y el futuro de nuestra especie radica en la protección de la naturaleza y en la simbiosis entre la humanidad y el espacio natural, aunque las grandes empresas hagan justamente lo contrario.

Árboles y Agua



Árboles y agua. Fotos de Ginebra
Y como los árboles, también nosotros buscamos el agua de la que estamos hechos, y como ellos, echamos raíces y crecemos buscando un sol que nos inunde de vivificadora luz.
Y como los árboles vivimos queriendo tocar el cielo al que solo unos pocos llegan, y siguiendo su ejemplo, algunos morimos abrasados por un fuego incontrolado:la ira, la envidia, la mentira...El Mal.
Árboles y agua. Luna y sol. Noche y Día. Madre e hija. Vida...Muerte.

Estampas de verano




Estampas de verano. Fotos de Ginebra

"Es un placer atravesar el río en verano con las sandalias en la mano" (Yosa Buson)

Estaciones

La vieja estación (Reposición). Foto de Ginebra
Sus respectivos trenes habían confluido por primera vez en la misma estación hacía bastante tiempo. No sabían de la existencia el uno del otro, pero tal vez se conocieran porque se hubieran soñado o imaginado, como nos sucede a veces con las cosas e incluso con algunas personas. 

La cafetería abría sus puertas a primera hora de la mañana, buscando el reclamo de los viajeros del alba. Hacía frío aquel invierno. Ella entró y pidió un café. Él era el único cliente a esas horas; concentrado como estaba, desvió su atención de un libro de poemas de Emily Dickinson y la miró, ella recibió la luz de unos ojos grises y, en un gesto casi involuntario, le devolvió una sonrisa que llevaba implícito mucho más.
Dos seres inconformistas cansados de arrastrar la misma maleta de siempre, cuyo único equipaje puede que fuera la soledad. 

Una vieja estación y dos trenes que se deslizan  hacia un mismo destino. Dos sombras anónimas que en la oscuridad de la noche se funden en un abrazo furtivo.Dos destinos paralelos fabricados por multitud de palabras que esconden en el túnel oscuro de sus propias vidas infinidad de recuerdos. Dos identidades que conformaron, desde el principio, una historia de la que aún hoy no se ha escrito un final.

"Entre las cuerdas"



 De  Guitarras. Fotos de Ginebra

Su primera guitarra fue un regalo de sus padres cuando tenía siete años. Rasgaba sus cuerdas con sus pequeñas manitas y no se cansaba de acariciar ese objeto tan deseado. Creció y vinieron otras guitarras acompañadas de profesores y  clases particulares. Las horas se vestían de notas musicales y se encerraban con él en su habitación. Después vinieron las chicas con cuerpo de guitarra y sus manos se posaban en la curva de la cadera y ensayaba allí una pieza antes del concierto.

Por último llegó el éxito en forma de premios y de discos. Cumplió su sueño porque fabricó su vida a partir de un mástil, cajas y trastes, puentes y clavijas... pero me confesó que siempre estuvo solo, porque su guitarra era celosa y requería de todo su tiempo. En realidad no había conocido a nadie tan profundamente como para amarlo y, así las cosas, esperaba morir igual que había vivido: Entre las cuerdas de una guitarra.

Tiempo de verano






Mi verano. Fotos de Ginebra

El verano no es mi estación preferida, pero es el período que más días de descanso tengo y, por ende, cuando dispongo de tiempo para coger mi cámara de fotos más a menudo. Aquí y allá, sin necesidad de moverme en exceso, tengo un poco de las cosas sencillas que admiro y que me fortalecen interiormente.
En este tiempo de ocio se puede viajar sin necesidad de hacer muchos kilómetros (incluso ninguno) y reflejar a golpe de clic esos paisajes que tenemos tan cerca.

Mohamed-Fadel está con nosotros desde hace una semana. Viene para quedarse dos meses aproximadamente. Lo que parecía imposible por motivos administrativos y económicos, se ha hecho realidad y, aunque es un poco pronto, he de decir que es un niño de diez años encantador y con una gran capacidad de adaptación. En ese sentido es, sencillamente, admirable. Espero que su llegada nos cambie un poco la vida y que nuestra presencia deje un bonito recuerdo en él cuando se marche.

Instantes


Hacía un calor sofocante esa tarde. La mujer estaba preparando su puesto de bisutería barata con el mismo celo con el que lo hizo la primera vez, hace ya muchos años, o eso quise imaginarme yo.Se protegía del sol abrasador de media tarde con un pañuelo generoso de algodón. Me pareció mayor para hacer ese tipo de trabajo en esas condiciones. 


El ocaso siempre entra  en mi casa para regalarnos sus juegos de luz. Sabe que los atardeceres me encantan y por eso mismo se cuela por el ventanal y nos inunda de esa mágica luz antes de que la oscuridad de la noche lo impregne todo.
A veces le espero con mi cámara de fotos queriéndole retratar, y jugamos al ratón y al gato haciéndonos guiños sutiles.


Hay sucesos que trastocan la vida de uno de tal forma que nos dejan patas arriba. Hay llegadas inesperadas que te colman de dicha y despedidas tan amargas que parece que una encogiera incluso de estatura... De todo hay; así pues, unas veces la vida se pone seria y otras quiere jugar con nosotros a las chapas y, como es tan caprichosa, nos pone con  los pies en el suelo o patas arriba; según le dé o le venga en gana. 

Fotos de Ginebra