Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Recuerdos de Joseph, un niño judío


Entramos de dos en dos pasando por delante del viejo Boulier, y yo me puse en mi sitio, al lado de Zerati.
A primera hora tocaba geo. Hacía tiempo que no me preguntaban y me daba miedo, estaba seguro de que me tocaría. Como cada mañana paseó la mirada por todos nosotros, pero no se detuvo en mí, pasó de largo y finalmente fue Raffard el que salió a la pizarra. Aquello me dió muy mala espina: a lo mejor es que yo ya no contaba, a lo mejor ya no era un alumno como los demás. Unas horas antes aquello me hubiera encantado, pero ahora me inquietaba, pero ¿es que todos la habían tomado conmigo? O intentaban romperme la cara o me daban de lado (...) el tío Boulier tenía una manía: el silencio.

Puse mi pizarra en el borde la mesa (...) la mía era de verdad, con un marco de madera y un agujero para pasar el cordel que sujetaba el borrador.
La empujé con la punta del dedo. Se balanceó un instante y cayó. Bruum.
El estaba escribiendo en la pizarra de clase y se volvió.
Primero miró mi pizarra y después a mí. Todos me miraban. No es frecuente que un colegial intente que le castiguen. Tal vez nunca había ocurrido antes, pero yo, aquella mañana, habría dado todo el oro del mundo para que el maestro dirigiera a mí su dedo y me dijera: "Te quedarás castigado a las cuatro y media". Habría sido la prueba de que nada había cambiado, de que yo seguía siendo el de antes, un colegial como los demás, al que se le puede felicitar, castigar premiar, o preguntar.
El señor Boulier me miró, y luego su mirada se quedó vacía, completamente vacía, como si todos sus pensamientos hubiesen emprendido el vuelo de repente. Lentamente tomó la regla de la mesa y la colocó sobre el mapa de Francia que estaba colgado en la pared. Mostró una línea que iba de Lyon hasta Aviñón y dijo:
-El Valle del Ródano separa los macizos viejos del Macizo Central de otras montañas más jóvenes...
Había empezado la lección y yo comprendí que el colegio se había terminado para mí.

(J. Joffo: "Un Saco de Canicas". Grijalbo Mondadori)

Tiempo


Pensaba que si su corazón se hacía añicos a este ritmo iba a desaparecer como una pompa de jabón que estalla cuando logra su nivel preciso de saturación... A veces le parecía que este músculo con el que se ama y se odia, el suyo, era más frágil que un huevo menudo en la mano de un niño.

(Punzonadora antigua en un taller de hierro. Foto de Ginebra)
El tiempo hacía tic-tac de forma imparable. También la maquinaria que movía sus sentimientos, y quizás ,cuando llegara el momento, en lugar de sentir dolor, solamente se esfumaría, desaparecía del mundo de quien la había soñado alguna vez.





La Muerte. La Vida.

Hay días en los que todo se materializa gris. Días de inmensa tristeza en los que te das cuenta que la vida de un hombre no vale nada y se apodera de tí misma una especie de neblina densa y nauseabunda que te provoca arcadas y quieres gritar y chillar y salir corriendo y no parar nunca y dejar todo y que sé yo... Hoy se ha encontrado el último cadáver de los inmigrantes, cuya patera naufragó el domingo. Los periódicos sentencian en cifras: 22 muertos y 6 supervivientes. Muertos que huían de la muerte en vida que da el hambre y la falta de oportunidades; muertos que no habían empezado a vivir porque sólo tenían cuatro años. Muertos que querían Vivir una vida.



Hace una semana escasa moría Eluana Englaro, una vida sin vida que esperaba morir dignamente, venciendo por fin a un gobierno enfermo de poder, aliado con una institución de púlpitos, rancia y añeja,borracha de ira y temerosa de Dios que impedían decir adiós a Eulana y hacer su voluntad en boca de un padre atenazado por el sufrimiento de su hija.
Vivir y Morir. Pero ni siquiera podemos vivir y no nos dejan morir.



Cerca de Al-Andalus


("geranios cordobeses". Foto de Ginebra).

La influencia andalusí aún pervive en algunas calles, plazas, pequeños talleres artesanales o incluso en la cocina de algunas ciudades andaluzas a las que imprime un sello exótico y cultural indiscutible.
Los árabes se instalaron en España en el siglo VIII hasta el siglo XV momento en el que se produce la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos (1492), pero la impronta y la influencia de ochocientos años continuó, a pesar de la persecución que sufrieron las culturas no cristianas (judía y árabe) con la llegada del "fundamentalismo religioso católico".
Los árabes nos legaron importantes avances en todos los campos: medicina, astronomía, literatura (Ibn Quzman), filosofía (Averroes nos acercó a Aristóteles), matemáticas...
Al-Andalus se convirtió en el centro cultural de toda Europa. Hasta Córdoba, por ejemplo, viajaban reyes, nobles y gentes que atravesaban los Pirineos para aprender filosofía o medicina. Las ciencias en general vivieron su "momento de gloria, "sus siglos de oro".
Buenos urbanistas y arquitectos, hicieron de la ciudad el foco o el centro de atracción de la población, en éso se parecían a los romanos. Magníficos comerciantes y artesanos, con sus manos trabajaban la plata y los metales desarrollando la orfebrería de manera magistral y el cuero en todas sus manifestaciones. Maestros perfumeros y espléndidos criadores de gusanos de seda, sus productos eran reclamados en Francia, Italia y en gran parte de Europa.
Entre sus calles estrechas y adarves, en una maraña irregular y laberíntica de recovecos aún se puede oler y saborear una cocina de siglos basada en la mezcla dulce-salada aderezada con miel, especias de oriente, limón o almendras y rematada por los postres más elaborados que he degustado.
Podemos gozar aún de su música e incluso de experimentos tan interesantes como la fusión entre los sonidos magrebíes y flamencos o andaluces, como los discos que llevan el sello Lebrijano y Orquesta Andalusí de Tánger.


Días de Escuela



(...) Ahora recuerdo aquel día y a aquel viejo fotógrafo como sí, para mí, siguieran siendo cercanos. Apareció en la escuela una mañana por sorpresa (al menos yo no recuerdo que nadie nos avisara) con su maleta al hombro y su cámara y el trípode en la mano. Era un hombre ya mayor, vestido con un sombrero y con un traje de rayas y con ese extraño aspecto de los hombres que caminan por el mundo muy cansados. Era gallego (o portugués, quien sabe) y llevaba muchos años, según le dijo a mi padre, recorriendo las ciudades y los pueblos del país con la maleta al hombro y la cámara y el trípode en la mano. Se ganaba la vida visitando las escuelas y haciendo fotografías que luego pintaba a mano (...)

Durante todo el día estuvo haciendo fotos, con el permiso expreso de mi padre, que también posó ante la cámara. Montó el trípode en el medio de la escuela, uno detrás de otro, fuimos pasando todos por la mesa del maestro, en la que previamente había colocado un cuaderno y una pluma y la bola del mundo giratoria que teníamos guardada en el armario. Como telón de fondo, una sábana doblada y el mapa que yo le ayudé a colgar encima del encerado (...).

Durante todo el día, uno detrás de otro fuimos pasando todos ante la cámara, repitiendo el mismo gesto y la misma actitud rígida y artificiosamente espontánea: la pluma en una mano, apuntando hacia el cuaderno sin mirarlo, la otra en la bola del mundo (con los dedos sobre España) y los ojos clavados en aquel cristal oscuro desde el que él nos miraba , la cabeza escondida bajo el sombrero y la mano derecha sujetando el final del cable.
Nunca lo volví a ver. El fotógrafo se fue igual que había venido cuando acabó su trabajo, dejándonos tan solo de recuerdo una sonrisa y, al cabo de algunos días, en que llegaron a las escuela por correo, nuestras propias fotografías coloreadas. A las pocas semanas, ya nadie hablaba de él ni se acordaba siquiera de su paso. Pero, durante mucho tiempo, yo no logré olvidarlo (...).

(Julio LLamazares: "Escenas del cine mudo". Seix-Barral)

Epitaph


(La camelia de María. Foto de Ginebra)

"Nacemos solos y morimos solos"... no sé dónde leí esta frase rotunda, no lo recuerdo, pero me hizo pensar un buen rato y corroboré que el pensador anónimo estaba en lo cierto. Yo me atreví a seguir su reflexión y añadir que incluso vivimos solos, caminamos el camino de la vida absolutamente solos. En nuestra intimidad, ahí donde nadie puede llegar, en el precipicio, en el abismo de nuestro ser, estamos irremediablemente solos. Es la nuestra una soledad que nos viene dada, compañera inseparable y luz que nos guía en este mundo y de la que , a veces, no somos conscientes. Una soledad que muchos días duele y que, en cambio, otros reconforta.
En este viajar diario, si tienes suerte, puedes encontrar seres cuya sola presencia difumina los absimos del alma, seres con los que quieres compartir el camino porque sus ojos miran lo que ven los tuyos y los silencios están llenos de palabras comprendidas. La cercanía hace más llevadero el viaje y menos densa la soledad de cada uno...

Esta preciosa canción, Epitaph, me la prestó
Condevolnay. Es perfecta, hacía tiempo que no la oía y ahora lo hago con frecuencia. Hoy expresa absolutamente todo lo que siento.

Los jinetes del Frío


Posiblemente los pueblos nómadas mogoles ( o mongoles) sean los mejores jinetes del mundo, junto con numerosas tribus árabes. Los pastores mongoles se asientan en Asia Central, más concretamente en la República de Mongolia, en las frías estepas asiáticas, junto a la desembocadura del río Gobi. Construyen sus tiendas con fieltro y se denominan Ger.

Viven fundamentalmente del pastoreo de camellos, ovejas y cabras, de los que elaboran el yogur y el queso que son productos básicos de su dieta; aunque la actividad que más les identifica como tribu es su veneración por el caballo, concretamente los przwalski, una raza equina muy antigua. Son caballos más bajos que los árabes o los españoles.
La doma y monta de este bellísimo enaltece a esta tribu y forma parte de sus más arraigadas costumbres, representa además la pericia del jinete y el control del animal por parte del hombre. Está presente en la mayoría de las celebraciones y los niños y niñas aprenden muy pronto la monta. Los desplazamientos por tan inhóspita geografía serían casi imposibles, aunque bajos y más cortos de patas, éstos ejemplares se caracterizan por su rapidez y adaptación al medio, el cuál en invierno puede tener temperaturas de -40ºC.

Los Przwalski son caballos salvajes y como muchas otras especies de nuestro planeta sufren un serio peligro de extinción debido sobre todo al cambio climático y las cada vez más bajas temperaturas. Los pastores tambien ven peligrar su modo de vida, pués sin este animal es difícil la vida en la estepa.