En ráfagas de segundos todo se tornó en blanco y negro: las farolas y los coches, los carteles de neón, la gente y el quiosco donde solía comprar la prensa diaria.
Sonó el móvil y al otro lado alguien dijo: "Eres libre. Puedes irte donde quieras". En su interior se borraron las calles y se encogieron los mapas. Todo se redujo a una especie de cáscara de nuez en la que no cabía nada, ni siquiera ella. Pensó en su mala suerte augurada por el gato negro con el que se había topado casi al alba. Se convirtió en una mujer extraña sin rostro y sin nombre, una mujer desconocida para sí misma que había perdido la cabeza.
Sonó el móvil y al otro lado alguien dijo: "Eres libre. Puedes irte donde quieras". Sintió que las calles parecían boulevares, que crecían para dejar entrar una brisa nueva en la ciudad. Bajó la ventanilla y respiró profundamente. Sonrió. En su interior sintió que se ensanchaban los mapas y pudo ver ciudades, países y continentes con una nitidez recién estrenada.
Se había convertido, repentinamente, en una mujer libre que, por primera vez, se conocía a sí misma.
The J. Geils Band en un grupo de rock (Boston). Comenzaron su trayectoria en 1967 hasta su separación en los años ochenta. Cinco músicos que hacían rock y blues rock con una discografía bastante extensa. El nombre del grupo corresponde a John Geils, el guitarra, que junto con el vocal (Peter Wolf) componían casi todos los temas.
He elegido una canción del álbum Sanctuary (1978) titulada One Last Kiss (un último beso) que, de paso, me sirve para despedirme de vosotros por unos días. Nos leemos cuando vuelva.









