26 junio 2010

Pequeños alfileres


Los ojos de Pilar (retrato con fondo rosa). Foto de Ginebra

Recuerdo que los "Reyes Magos" no solían pasar por casa todos los años, más bien lo hacían de tarde en tarde y no sé si con desgana o apatía ,a juzgar por los regalos que nos aguardaban en la mesilla de noche al despertarnos.

Un año, en cambio, las cosas dieron un giro de muchos grados y al abrir los ojos me aguardaba una muñeca vestida con traje típico (que tardé en reconocer como valenciano) envuelta en un embalaje transparente de plástico duro. Aún puedo revivir y sentir aquel momento mágico, aquella profunda emoción ante un regalo inesperado que no sabía muy bien si merecía.

Madre sintió mi alborozo y entró en la habitación a la vez que me advirtió que no debía abrir ese envase que contenía mi preciado tesoro, pues la muñeca venía provista de pequeños alfileres que sujetaban, desde los moñetes del pelo hasta el calcetín en los zapatitos negros que imitaban al charol y que podrían hacerme daño, sin ser consciente de la ironía que implicaba que los verdaderos alfileres fuesen de otra índole.

Dijo, además, que era una muñeca tan bonita que su única función debería ser la de adornar la estancia dentro de aquel envase plastificado que parecía una burbuja desde la que aquellos ojos pintados me miraban ,no sé si con más asombro que el mío al contemplar aquella escena que ahora, con los años, se me antoja surrealista.

Así pasaron los días en que yo observaba a la fallera desde mi realidad y desde la profunda distancia que nos separaba a ambas, tan gruesa como el plástico del que estaba hecho su mundo.
Nunca jugué con ella y para cuando pude hacerlo (nunca perdí la esperanza de que los Reyes pasaran por casa cada año) ya no tuve ni ganas ,ni edad.
No he olvidado a la fallera, pero sí "la tragedia" de aquella niña conformista y obediente que ahora no logro reconocer en mí. De todo aquello me queda el forzoso aprendizaje de que, en esta vida, algunas cosas añoradas llegan, pero a destiempo, aunque no por ello debemos renunciar a desearlas, éso, y una cierta antipatía por esas fiestas de tracas y pólvora.

22 comentarios:

César Sempere dijo...

Esos regalos que son decorativos pero que no se pueden palpar, interactuar con ellos, no son para niños. De todas formas, veo que te dejó huella, ya que noto cierto repudio por la fiesta valenciana.

Un beso,

Mary dijo...

Ginebra, tu historia tiene para mí, un diez. Se me reconoce en mi niñez como una niña obediente que nunca cuestionaba nada; dar el giro a todo eso ha supuesto mucho en mi vida, pero tu historia me ha transportado a aquellos días, aquellas anécdotas y a los cambios posteriores, para pena de mis padres.

Las personas que pasan por eso siempre se mueven entre dos aguas de lo que se quiere y lo que se debe; y la balanza suele hacer falta en el día a día para equilibrar lo que no se enseñó de forma natural.

un beso

Gabriela dijo...

obediencia que supiste mellar profundidades...


Y en esas oscuridades del desplacer, creo estuvimos todos...

Besos liberadores!

PSYCOMORO dijo...

Ginegra, pienso que es de lo mejor que te he leído. Me encanta cómo se va deslizando la necesidad de tomar tus propias decisiones en un entorno que asusta las ansias de libertad. Esa muñeca la hemos tenido todos alguna vez en las manos; lo peor que tiene darte cuenta de que no había un monstruo bajo la cama es que nunca hayas mirado allí abajo para comprobarlo. Supongo que el gesto más evidente de la madurez es cambiar los miedos. Un beso y enhorabuena.

raúl dijo...

bueno, fuiste obediente cuando era oportuno serlo, seguro que poco después que ya administrarías tus tesoros a tu antojo, por muy llenos de alfileres que pudieran estar (y por muchos disgustos que le costara a tu madre). anyway. entre las caras del vagabundo del corto animado y la imagen mental de una fallera clavada con alifeleres se me ha quedao la cabeza rara, oye. menos mal que la foto de esa niña tan rebonica lo compensa.

virgi dijo...

Esos alfileres te habrán servido para mucho. Seguramente el poso que te han dejado te permiten ahora ser más abierta y comprensiva. Lo digo por mí misma, no por un caso de muñecas, sino por otras cosas similares.
El vídeo, precioso.
La niña, divina con su mirada transparente.
Y tú, querida Ginebra, un encanto. Mis besos, cielito.

GINEBRA dijo...

Los regalos que no pueden abrirse ni tampoco interactuar con ellos, son crueles, César y no deberían existir... todas las anécdotas que se recuerdan con el tiempo suelen dejar huella.
Verás odio el ruído, el olor a pólvora y los petardos y similares... no iría nunca a las Fallas, la verdad:))) Besos

Mary, la vida es nuestra y no pertenece más que a nosotros. Obedecemos y cumplimos con los deseos de otros durante un tiempo que bien puede ser la niñez, después es el momento de rebelarse, pese a quien pese:))) te envío besos,muchos.

Gabriela, liberadores y de todos los tipos. Muaaaa

Psyco, me alegra mucho que te haya gustado esta pequeña historia propia que vino a mi cabeza ayer mismo y como vino pues la conté... ¿sabes? dejé de mirar debajo de la cama no hace tanto tiempo:))) siempre he sido una cagueta, jajajajajjaja, incluso casada miraba bajo la cama antes de dormir y mi chico me decía: "dale recuerdos míos al señor da ahí abajo", jajjajajajaja, me daba tanta rabia que me dijera éso... en fin, besos.

Raúl, jajajjajajaja, es verdad, entre los alfileres de la fallera y los ojos del vagabundo es "como para flipar",jajajjajaja, no me extraña que te quede la cabeza rarunaaaaaa, jajajajjaja. Besos

Virgi, es sorprendente como la niñez nos marca y hay cosas que no nos abandonan nunca. Aprendemos después muchas cosas que vivimos entonces...
Gracias por tus palabras, beso grande y de domingo (lástima que se acabe el finde. Es como los caramelos, se acaban mucho antes de lo que esperas:))).

Chousa da Alcandra dijo...

Aquellas muñecas (fuesen valencianas, sevillanas o incluso gallegas) tienen un lugar en la historia. Eso sí: que nadie las llame juguetes, ya que no se podía jugar con ellas.
Confieso que en casa de mis primas, cuando alguna de esos iconos estaba a mi alcance, lo primero que miraba era si llevaban ropa interior!!!.

Bicos sostenidos con alfileres.

Mª Angeles y Jose dijo...

Que historia mas bonita y triste,a muchos nos pasaban cosas parecidas por aquellos entonces,con poco que nos trajeran los reyes nos conformabamos.

Bonito retrato, esos ojitos hablan solos...es preciosa.

Besos

DANI dijo...

Yo quiero ser el mejor padre del mundo, y aun no se por donde empezar ;(

Jodidos recuerdos que les marcarán.

Besos preciosos

aus dijo...

Menudo regalito, con alfileres y todo. Un regalo envenenado, no? O mejor, un regalo con trampa. Pero seguro que los Reyes Magos habían puesto en él toda su ilusión...

No sé qué es peor, si eso o el hiperconsumo al que están acostumbrados los niños de hoy.

Me ha gustado el relato, tiene el mismo tono melancólico de la Gnossienne de Satie que suena en la animación. Y la foto de la chiquilla es encantadora: con ella nos curas un poco de todo lo demás.

Besos, Ginebra.

jorge dijo...

Detalles de nuestra niñez se quedan grabados.

Cuesta mucho rebelarse, romper la caja protectora, separar los alfileres y ponerse a jugar.

A veces toda una vida.

Gizela dijo...

Nunca he podido entender ese tipo de regalos.
Son una tortura para lo niños, además es absurdo regalar algo sólo para observarlo de lejos
Bella la foto, muy apropiado el remarque de pequeños alfileres
Siento que son pequeños alfileres todos ese tipo de recuerdos en la vida
Un besote y linda semana para ti Ginebra

GINEBRA dijo...

Chousa, no tienes remedio, ¡mira que mirar (valga la redundancia) debajo del vestido!!!!! te confieso que cuando salió Kent yo también miraba a ver si llevaba gayumbossss, jejejejejeje.
Besos

MªAngeles, el retrato es de Pilar, la hija de unos amigos. Tiene unos enormes ojos y gran expresividad en ellos. Gracias y besos

Dani, los recuerdos y el tiempo vivido marca, pero no tiene por qué ser un trauma. Yo he valorado mucho los regalos, quizás porque no tuve los que quise, quizás más que los niños que ahora lo tienen todo... Besos

Aus, estoy de acuerdo contigo en el tema del excesivo consumo actual de los niños... también sobre el tono melancólico del relato y del vídeo elegido. Será que estoy un tanto melancólica:)))
Te deseo un buen día, Besos

Jorge, que frase más contundente esa de "a veces, toda una vida", y puede que sea como dices. Yo creo que exteriorizar las cosas que nos pueden hacer daño es un buen ejercicio, como quitar los alfileres. Besos

Gizela, bueno, yo creo que antes las cosas no eran como ahora. Había menos posibilidades económicas y la educación era otra. Pienso que ellos, los padres, hacían lo que podían... Este recuerdo un poco triste e incluso patético ahora me sirve para reírme cuando me viene a la cabeza, jejejejejeje.
Besos y buen día.

Moisés dijo...

Yo prefiero pensar que las cosas que deseas mucho puede ser que, si llegan, lo hagan de una forma totalmente distinta a como lo habías pensado. Así que mejor no obsesionarse demasiado deseando nada.

Se que suena conformista, aunque más bien lo veo como realista.

Josep Julián dijo...

Hola Ginebra:
La historia que cuentas me parece que describe bien lo que costaban las cosas y lo que tenían que durar. Pero si de esa obediencia de pequeña ha salido una mujer de fuertes convicciones es que había buena madera.
Un beso.

Denavegantes. dijo...

Saludos GIN, me ha encantado esta historia tan cercana y personal, no somos tan diferentes, y me veo en esa paciente obediencia infantil y en la incredulidad que con los años alcanzamos. A partir de ahora, serás mi Fallera mayor favorita. Un beso pegao, pegao.

abueloscrisytoño dijo...

Querida Ginebra, hoy tengo un regalo para ti. Tienes toda la libertad del mundo para hacer con él lo que quieras.
Besos. Abuela Cris

GINEBRA dijo...

Moisés, pues bien mirado es una idea sensata la tuya (y por otra parte guarda el misterio lo que ha de llegar, me refiero, hasta el final). Besos y me alegro que estés bien!!!!

Josep, es que las convicciones son "el mejor regalo", el que no necesita dinero de por medio y son importantes, en mi opinión. Besos

Adolfo, jajajajajajaja, no me veo de Fallera, pero si hay que disfrazarse me apunto (suelo disfrazarme más de lo que debería, jejejejejeje). Besos al punto!

Cris, como te dije, me encantó ese regalo. Son esos detalles las cosas que más ilusión me hacen, el que alguien lejano se acuerde de tí o te tenga presente y fotos y texto me encantaron. Gracias y besos

A.Tapadinhas dijo...

É bom nós podermos escolher o que fazer com a nossa vida...

Para isso devemos conhecer de tudo um pouco. Só assim a nossa escolha será consciente!

Besos,
António

Condevolney dijo...

Detener el tiempo es perder parte de la vida, de esa vida que nos roban cuando no piensan en nosotros si no en el precio que define la felicidad de los regalos, el precio de las miradas sin brazos, el precio de los sueños mal soñados, un precio del tiempo relevante y absoluto, el tiempo de la felicidad robada entre alfileres envasados en papel de celofán, mi querida Ginebra me has emocionado, me llegas y me dejas en un cuarto cerrado y sin ventanas de mar, donde el aire cada vez que respiro me pregunta qué precio tienen las pesadillas que seguro sin querer nos han dejado colgando como medallas aquellos que nos aman.
Un beso sin cero

celebes2 dijo...

Superb*****