Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

El encuentro



"Don Severino y la doctora han obedecido al silencio, muy despacio, casi sin moverse. Han ido acercando las manos hasta que las puntas de los dedos se han encontrado, y la energía que ha pasado de uno a otro les ha hecho estremecerse. Han seguido acercándose poco a poco, respirándose, retardando el momento, saboreando el olor, el roce, hasta que sus labios se han encontrado, y, abriéndolos, don Severino y la doctora han dejado que sus almas, convertidas en lenguas, se conozcan sin que ningún obstáculo se interponga entre ellas (...)

Todas las preguntas han encontrado su pareja, su respuesta. Se han buscado entre ellas sin que las palabras las ayudaran a organizarse, porque don Severino y la doctora se han olvidado de que las palabras estaban ahí. Ahora se comunican con otro lenguaje. Todo es más primario, más importante, vital (...)"

El viaje íntimo de la locura. Roberto Iniesta (edita: El Hombre del Saco S.L)


La dama y la muerte

Un tiempo

En un rincón.

En algún rincón. Foto de Ginebra

En algún rincón , escondidas, nos esperan las palabras que no atinamos a pronunciar , las que debimos abrir y regalarnos un día. El entendimiento juega al escondite cuando nos intuye cerca y, travieso, nos enreda y nos conduce por el sendero de la confusión, de la incertidumbre, de las dudas. Un tiempo de lluvia y paisaje tras el cristal, un tiempo de espera, un tiempo...




Yalil

YALIL from Lola Corbalán on Vimeo.

Entre mis cosas

gira y gira

Gira y gira

mi limonero


Limón
El limonero

lirio blanco
Lirio blanco

El jarrón
El jarrón. Fotos de Ginebra

"A los amigos se les va a buscar o se les espera, se les llama y, sobre todo, se les piensa".




Mr. postman

Sin noticias

Sin noticias. Foto de Ginebra

Reconozco que ya no es lo mismo. Recibir correo electrónico no tiene "el romanticismo" de entonces, cuando las cartas las traía a casa el cartero, al que se esperaba con recelo en ocasiones y con impaciencia la mayoría de las veces. Podías intuir casi la hora exacta en la que el sobre blanco era depositado en el buzón de tu casa. Según la forma y el tacto podías saber qué tipo de noticias contenía, sin ver el remitente. Los sobres rectangulares y alargados, esos con ventanita, nos acercaban los datos de algún banco o de cualquier administración y me parecían tan impersonales como sus palabras asépticas y su letanía de números remarcados por el sempiterno "débito y haber". Los sobres comunes se transformaban en únicos cuando reconocías el tipo de letra que los envolvía. Sin abrirlos, ya imaginabas quien los enviaba ,según el trazo de la letra, su redondez e incluso el color de la tinta. El tacto de cada sobre era diferente, los había más gruesos y rugosos o más finos, coloreados en sepia o con tonos más escandalosos. De cualquier forma, suponía un momento de placer inmenso abrirlos y zambullirse en el bosquecillo de vocales y consonantes que formaban aquellas cartas de más de una cuartilla que te acercaban a esos seres queridos que habitaban en la distancia que te separaba de ellos.

Tengo que reconocer que cuando veo un buzón como el de la foto, me invade de alguna forma la nostalgia de aquellos tiempos en los que me sentaba cerca de un árbol o de una ventana para escribir alguna carta y contar en ella minúsculos retazos de la propia vida o expresar los anhelos que me acompañaban en esos momentos. Siempre en tinta negra y letra bien derecha y redondita, remarcando los puntos de las "íes" e, incluso, dibujándolos algún que otro corazón.

El Jardín

The Garden from Peter Bunzl Films on Vimeo.