
Corazón en almíbar.
Después de llorar ríos y océanos enteros, se agachó y comenzó a recoger los añicos de su propio corazón, desperdigados por el suelo de la estancia.
En realidad no sabía que hacer con ellos, pero aún así decidió hacer montoncitos agrupándolos por tamaños y colores, porque no todos eran iguales.
Los había medianos y pequeños; transparentes , rosados, negros e incoloros... Algunos trozos aún parecían latir e incluso albergar sentimientos; otros, definitivamente, habían perecido.

Tarros de chuches. (La Boquería). Fotos de Ginebra
Recordó a su abuela haciendo compota de fruta en la cocina de butano y casi pudo oler ese aroma tan dulce y cercano. Fue así como decidió embotar los restos de su corazón con almíbar, los dejaría macerar el tiempo que fuese necesario mientras sonreía al pensar que su situación era "descorazonadora".