Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Pequeños alfileres


Los ojos de Pilar (retrato con fondo rosa). Foto de Ginebra

Recuerdo que los "Reyes Magos" no solían pasar por casa todos los años, más bien lo hacían de tarde en tarde y no sé si con desgana o apatía ,a juzgar por los regalos que nos aguardaban en la mesilla de noche al despertarnos.

Un año, en cambio, las cosas dieron un giro de muchos grados y al abrir los ojos me aguardaba una muñeca vestida con traje típico (que tardé en reconocer como valenciano) envuelta en un embalaje transparente de plástico duro. Aún puedo revivir y sentir aquel momento mágico, aquella profunda emoción ante un regalo inesperado que no sabía muy bien si merecía.

Madre sintió mi alborozo y entró en la habitación a la vez que me advirtió que no debía abrir ese envase que contenía mi preciado tesoro, pues la muñeca venía provista de pequeños alfileres que sujetaban, desde los moñetes del pelo hasta el calcetín en los zapatitos negros que imitaban al charol y que podrían hacerme daño, sin ser consciente de la ironía que implicaba que los verdaderos alfileres fuesen de otra índole.

Dijo, además, que era una muñeca tan bonita que su única función debería ser la de adornar la estancia dentro de aquel envase plastificado que parecía una burbuja desde la que aquellos ojos pintados me miraban ,no sé si con más asombro que el mío al contemplar aquella escena que ahora, con los años, se me antoja surrealista.

Así pasaron los días en que yo observaba a la fallera desde mi realidad y desde la profunda distancia que nos separaba a ambas, tan gruesa como el plástico del que estaba hecho su mundo.
Nunca jugué con ella y para cuando pude hacerlo (nunca perdí la esperanza de que los Reyes pasaran por casa cada año) ya no tuve ni ganas ,ni edad.
No he olvidado a la fallera, pero sí "la tragedia" de aquella niña conformista y obediente que ahora no logro reconocer en mí. De todo aquello me queda el forzoso aprendizaje de que, en esta vida, algunas cosas añoradas llegan, pero a destiempo, aunque no por ello debemos renunciar a desearlas, éso, y una cierta antipatía por esas fiestas de tracas y pólvora.


Almas al sol


Siesta al sol. Foto de Ginebra

No puedo decirle al sol que me inunde de luz todos los días, pero si puedo bañarme en él cuando se presenta la ocasión y ambos, sol y yo, nos enredamos en uno.
No puedo retener lo que en su esencia es libre y debe irse, pero puedo recordar el tiempo que fue.


Staff Benda Bilili quiere decir "mira más allá de las apariencias" en congoleño y es el nombre de un grupo musical diferente a lo que estamos acostumbrados. Son seis artistas que tienen en común su discapacidad a causa de la polio (que aún afecta a muchas personas en países en vías de desarrollo) y su falta de oportunidades. Viven cerca del zoo de Kinshasa en la RD del Congo y sobreviven como pueden, incluso haciendo las veces de taxista aprovechando que se desplazan en unas sillas de ruedas tuneadas por ellos mismos y comenzaron a cantar precisamente en el trayecto de pasajeros de un lugar a otros.
Son músicos pobres y sin ningún medio posible, pero han grabado un disco con ayuda de un ordenador portátil conectado a un bar local y sus propios instrumentos. ¡Prodigioso!. Componen letras sociales sobre la realidad de su país, de su ciudad, pero en sus canciones no hay abatimiento, todo lo contrario, imprimen un mensaje de fortaleza ante las vicisitudes.
Como amante de la música étnica ha sido una sorpresa descubrirlos y poder escucharlos, son realmente buenos. Su música es una seductora mezcla de la clásica rumba congoleña con funk a lo James Brown, ritmos afrocubanos mezclado con rythm & blues y reggae.
Su disco Très très fort, lleva cinco meses liderando la lista europea de músicas étnicas tras se descubiertos hace un par de años en un proyecto de Africa Express y este verano tocan en varias provincias de nuestro país, en festivales como "La Mar de Músicas" en Cartagena, por ejemplo.

De nuevo el milagro de la música , ése que puede superar cualquier barrera y penetrar a través de todos los muros hasta llegar a nosotros para hacernos libres.
Otra vez la magia del talento por encima de la falta de recursos. De nuevo el poder de la imaginación y la creatividad como fuerza motriz que convierte lo imposible en posible. Almas al sol...


Sobre ruedas


Bicicleta, flores y verja

Cansada de esperar un imposible, buscó en el fondo del baúl por si había algunas alas que pudiesen servirla, como poco, para volar. Al no encontrar ni alas ,ni ningún otro objeto con el que pudiese lograr su propósito, decidió rescatar del trastero su vieja bicicleta y adornarla con flores amarillas. Escogió algunas canciones para el viaje y esperó hasta que el viento le fuese favorable.
Montó en la bicicleta y comenzó a pedalear a ritmo constante. Llegó tan lejos ,que perdió de vista incluso las distancias y voló tan alto ,que ya no necesitó ni alas ,ni ningún otro "apéndice" con el que poder escapar.



Una moto incombustible. Fotos de Ginebra

Los amantes habían envejecido casi al mismo ritmo que su motocicleta, pero ninguno era consciente de esa vejez, porque cada cual veía al otro como se miraron el primer día.
Al atardecer repetían el ritual del principio: El limpiaba la moto y ella esperaba paciente para abrazarse a la cintura de él al mismo ritmo con el que rugía, cansado, el motor.
Comenzaba su paseo diario por la carretera secundaria sembrada de robles y castaños en cada una de sus márgenes, de tal forma que sus ramas, al abrazarse, parecían emular a los dos amantes regalándoles un techo vegetal por el que se escapaban algunos rayos de sol, los suficientes para colorear de claroscuros aquella estampa entrañable y única.

"Rojo Pasión"




La primera flor dejó intacta la promesa de un fruto en forma de corazón.


Pasión (corazones de cerezas). Fotos de Ginebra

La pasión se pinta del color de las cerezas. Tiene, también, su mismo sabor agridulce y ambas cosas pueden ser nocivas si se ingieren en dosis por encima de lo recomendable.



Todo el tiempo del mundo


La vida, la muerte. Foto de Ginebra

Vivió deprisa cada minuto y cada hora;también los días, meses y años. Vivió tan deprisa que olvidó que vivía y sólo fue consciente de ello cuando le visitó la muerte. Aquel hombre anciano y la mujer vestida de luto entablaron una larga y pausada conversación que continuó hasta que despuntó el alba.

El no quería irse y ella debía acometer con profesionalidad y presteza su función. "Tal vez, podrías darme una última oportunidad", dijo el hombre a la muerte. "Ya que he vivido con prisas toda mi existencia, sería justo que experimentase el placer del sosiego del que no conozco nada. "Quizás deberías concederme más tiempo"...
Lo que ignoraba el hombre y sabía la muerte es que , tal vez, no todos aprendemos a vivir, aunque nuestra vida sea longeva y tengamos "todo el tiempo del mundo".