Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Jaulas


La jaula

Durante un tiempo creyó que podría escapar y volar alto como los otros pájaros que se acercaban curiosos a su jaula cada mañana.
Los días se consumieron de la misma forma en que se fueron diluyendo sus proyectos de futuro y mientras cantaba dulces melodías de jilguero era capaz de atravesar los delgados barrotes de metal de aquella jaula que venía a ser mitad milagro y mitad condena.


El preso. Fotos de Ginebra








El viaje


Las Tablas (Puente sobre las dunas. Zahara). Foto de Ginebra

Como si despertase por primera vez de un sueño profundo y pastoso, se descubrió a sí mismo y adivinó sus propios pasos en aquellos tramos que había vivido, muy posiblemente durante la mitad de su vida.

En un momento de espléndida lucidez, como la que achacamos a un moribundo minutos antes de expirar, entendió que algunos sentimientos tienen fecha de caducidad y que la felicidad duraba lo mismo que un suspiro,porque tarde o temprano se irían apagando en él las estrellas del cielo y este pensamiento, aunque parezca increíble, en lugar de abatirle, le animó a seguir caminando en la dirección marcada y lo hacía más liviano, sin la carga que supone a veces la fidelidad.



El Futbolín


El futbolín (serie retratos). Foto de Ginebra

Tenía algunos años más que tú cuando inserté mi primera moneda en una "maquinita", no me acuerdo del precio, pero sí la recuerdo a ella, a la máquina que cargaba singles y que dominaba un amplio espacio en el bar de "las Corales"¡cómo podría olvidarlo!.
Allí, bien pegada al cristal, miraba atónita como un brazo mecánico cambiaba los discos y me entusiasmaba escuchar a Bony M, alguna de "los Beatles" y mucha, mucha canción del verano entonada por el incombustible Georgie Dann (ahora lo recuerdo con vergüenza, pero entonces bailábamos como posesos y memorizábamos, zarandeados por los propios padres, todos sus temas. ¡Eran otros tiempos!).


En la adolescencia descubrí el pinball y llegué a tener agujetas en los dedos índices de ambas manos por darle a los botoncitos con la suficiente pericia para no dejarme colar ninguna bola. La falta de dinero se paliaba con audacia y tesón, de tal forma que cuando se te reconocía como buena jugadora tenías una fanta esperando en la barra y se te coronaba no con laureles, sino con una frase que todos entendíamos: "ésta chica tiene muchos cinco duros echados".

Pero uno de mis mayores descubrimientos fue, sin duda, el futbolín. Con mi noviete y algún otro "amigo-lapa" nos fugábamos las clases del insti (las de por la tarde) para ír a los futbolines de la madrila donde jugábamos horas y horas que se pasaban en un suspiro. Nos entrenábamos a fondo en esos futbolines para poder jugar en La Luna, el bar heavy al que no he dejado de ír , el bar donde se escuchaba la música que nos gustaba y donde no todo el mundo tenía permitido jugar al futbolín y menos ganar a aquellos melenudos que a mí tanto me gustaban.

Pacientemente sigo retándote a la pinball que te regalé, sigo peleándome con la nintendo ,aunque acabe jugando sola incluso en el parque, expuesta a las miradas extrañas de otros padres. Te seguiré echando partidas de futbolín, te seguiré enseñando a ganar, mientras la wii nos mira "desconsolada" desde el mueble. Puede que sea una batalla perdida, pero tengo claro que no pienso rendirme y menos aún escabullirme.