Como la luz de un sueño, que no raya en el mundo pero existe, así he vivido yo iluminando esa parte de ti que no conoces, la vida que has llevado junto a mis pensamientos... Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no,curiosear los libros, responder al deseo de mis labios con tus labios de whisky, seguir mis pasos hasta el dormitorio.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, hicimos mil proyectos, paseamos por todas las ciudades que te gustan, recordamos canciones, elegimos renuncias, aprendiendo los dos a convivir entre la realidad y el pensamiento. Espiada a la sombra de tu horario o en la noche de un bar por mi sorpresa. Así he vivido yo, como la luz del sueño que no recuerdas cuando te despiertas. Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.

Arponera.


Ventana en una buhardilla

La noche no había resultado tan productiva como él esperaba. Después de rondar por bares de moda y tabernas sin nombre, decidió marcharse a casa y resignarse a dormir solo. Otra noche en blanco, pensó.
Bien entrado el mediodía se despertó con el sabor de la ginebra aún en su garganta. El día era soleado y tibio, lástima que él estuviese solo. Salió al balcón y miró la calle, vió gente pasar y la vió a ella.
La fotógrafa enfocaba hacia su ventana. Él era el centro de atención. Se sintió feliz y sonrió a aquella mujer que cubría su rostro con la cámara. Un instante después, cuando la foto ya había sido tomada, ella le saludó con la mano y le sonrió. Él la imitó.
La imagen generó una historia en la que quedaron enredados para siempre los dos.





Paseantes.

No les importaban las miradas, ni siquiera las más osadas o indiscretas. Eran conscientes de la expectación que provocaban en la gente y éso, lejos de molestarles, les agradaba.
El negro era su distintivo, como una segunda piel que no mudaban ni en invierno ni en verano.
Se habían conocido hacía poco tiempo, pero ya eran inseparables.
Una soledad se unió a la otra y habían dejado de sentirse jodidamente diferentes. Ahora se habían convertido en dos seres maravillosamente distintos.


Conversación en la taberna. Fotos de Ginebra

Desde que Tomás había enviudado comía todos los días en la tasca de su amigo Agustín. A veces, si la clientela era escasa, almorzaban juntos. Hablaban del tiempo, de economía, de fútbol y, de vez en cuando, también de mujeres.
No tenían prisa. Hacía tiempo que esa palabra había dejado de existir en su léxico interno. Prolongaban su conversación más allá de un horario establecido y apuraban su copita de orujo con el regusto del que ha probado la dicha de una amistad sincera.

Me fijo en la gente poco común. Les fotografío e invento una historia sobre ellos, también para ellos. Casi siempre la gente reacciona (y no siempre para bien, lógicamente) y lo que viene a continuación, esa reacción de la que hablo, es lo que más me interesa: el enfado, la complicidad, la sorpresa...la imagen ya ha sido capturada y a partir de ella tejeré una historia.




Picando espuelas


La caricia


El caballo pardo


En las cuadras


El caballo y el juego. Fotos de Ginebra.

Tengo el caballo en la puerta
¿Te quieres venir conmigo?
Yo no te obligo.
Sólo te brindo ocasión

de darte en mi soledad
una casa, un corazón
y un cariño de verdad
(...)
Todo ésto junto al río
,
en mi cabaña desierta
piénsalo bien, amor mío,
tengo el caballo en la puerta.
("Tengo el caballo en la puerta". Manuel Benítez Carrasco).

Una danza imposible




El Titiritero

Juan Luís , un madrileño de pura cepa, encontró su verdadera vocación, la de titiritero, después de tener varios oficios. Su espectáculo lo conforman él, la estrella oculta, y una singular pareja de baile. El escenario, cualquier plaza o plazuela de cualquier ciudad de nuestra geografía e incluso de algún país europeo.

Pronto cumplirá sesenta años, pero quiere continuar en esta profesión mientras su cuerpo aguante o la crisis no vaya a más, como me cuenta mientras sonríe burlonamente. Dice que se nota bastante, que la gente mira, pero que las ganancias al cabo de la jornada son mucho más bajas que hace unos años.



Juan Luís conoció a Ana, una extremeña de Trujillo, su compañera y ayudante. Ella se encarga básicamente de la elaboración manual de estas marionetas de tamaño natural y de todos los accesorios que el titiritero necesita para la función. Su casa es una autocaravana, aunque a veces recalan en Trujillo donde tienen su taller y su casa.





Los preliminares

El espectáculo consiste en la danza que realizan esta extraña pareja bajo la que se esconde el alma de una coreografía imposible. Supone un esfuerzo físico y mental importante y requiere, por tanto, una forma física adecuada que Juan Luís logra con ejercicios y estiramientos musculares para evitar lesiones. Es autónomo y una baja médica supondría graves pérdidas económicas.

Se conforma con sacar lo necesario para comer y vivir modestamente, haciendo lo que realmente le gusta: viajar y entretener al personal. Es un tipo verdaderamente interesante, como su mujer, la compañera perfecta para una vida nómada como la que algunos imaginamos en una "próxima vida".



La extraña pareja baila sin que haya ninguna nota musical que les marque los pasos. Aunque parezca raro, no hace falta música para esta danza imposible que dura sólo unos minutos, pero que se repite incansablemente durante unas cuantas horas al día.


Una danza imposible. Fotos de Ginebra

Y mientras disfruto ese fugaz momento, no puedo dejar de pensar en nosotros, de imaginar ese baile que siempre tenemos pendiente...




El mar


El viaje

El ritual era siempre el mismo: esmero en la preparación de la maleta por evitarse disgustos y una variada selección musical para el viaje. Café cargado y zumo de naranja; ducha templada; crema para el cuerpo,;crema solar en la cara; gafas de sol y la espera interminable del ascensor.

Después la calma, el sonido maravilloso del motor de aquel coche que era suyo y una de Pink Floyd de fondo, algo tranquilo y relajante para esas horas de la mañana. Por delante, sólo la carretera: "La serpiente de asfalto" que la llevaría al mar.


El mar, la mar. Autorretratos