25 marzo 2012

"Sin salida"


Ventana con jacintos (reposición). Foto de Ginebra

Había abierto su pequeño negocio hacía algunos años. Eligió un barrio del extrarradio por sus calles tranquilas alejadas del ruidoso tráfico del centro y porque le gustaba la gente que vivía allí. Gente sencilla, se dijo para sí, de esas que pueden salir a comprar el pan con las zapatillas de estar por casa o con los rulos puestos y pasarse media hora charlando con el tendero sobre el tiempo; el hijo del vecino del quinto que toca el acordeón en el casco histórico y, en la misma conversación, pasar con total naturalidad a conocer los detalles íntimos de la mujer del butanero que se había fugado con el repartidor de cervezas.

Aparentemente la tienda era simple, de espacio reducido y blancas estanterías llenas de cajas y botes de cristal que exponían una mercancía tan colorida como indeterminada.
Cada bote contenía una etiqueta con el nombre del producto: quitapenas; pastillas contra el mal de amores; paciencia en cápsulas de distinto tamaño para dosis pequeñas , medianas y grandes; píldoras para aprender a pedir perdón... Nunca antes se había podido encontrar tan grandes cosas en un sitio tan pequeño y modesto.

Los vecinos fueron reticentes al principio, pero con el paso de los meses se habían habituado a los remedios que ofrecía aquel comercio al que llamaron "La Utopía".
Además de adquirir tan preciada mercancía, podían intercambiar algunas cosas propias a las que ya no daban uso por otros artículos de segunda mano que los clientes dejaban apilados en el rincón de ventas sin dinero.

En los meses siguientes a la apertura del negocio, se incrementó el número de enamoramientos,casamientos y, como no puede ser de otro modo, la tasa de nacimientos. Se abrieron chocolaterías, floristerías, jugueterías, mercadillos de trueque y centros de ocio sostenidos con fondos particulares.
Al contrario que en otros sitios, se retiraron las farolas municipales para plantar árboles en las calles.
Cada vecino prestaba parte de su tiempo para colaborar con la comunidad haciendo lo que mejor sabía hacer o lo que más le gustaba. Todos se implicaron con ganas y el resultado fue increíble: Nadie se sintió inútil, al contrario, nunca fueron tan conscientes de sus propias habilidades.
"La Utopía" era el centro de gestión de toda aquella amalgama de iniciativas vecinales y su éxito fue tan rotundo que tuvieron su momento de fama en la prensa local y en los telediarios regionales.

Un día cualquiera los productos coloridos de aquellos botes de cristal tocaron fondo y no pudieron ser repuestos. Los países lejanos que producían las esencias para elaborar esas píldoras con sabor a gominolas que"curaban a la gente", dejaron de cultivarlas. No eran rentables, se apresuraron a decir los medios de comunicación. Las multinacionales farmacéuticas habían adquirido la tierra por vías legales o ilegales y se imponían ahora otros medios, otras formas y otro tipo de producción competitiva, la que exigían los mercados.

La dueña de la pequeña tienda no pudo asumir las deudas ni hacer frente a los pagos y una tarde de abril que olía a jacintos en flor, cerró sus persianas y colgó el cartel de: "se cierra por la imposibilidad de sostener una utopía".
Lo que vino a continuación se abrió camino a codazos y devoró aquel barrio en el que ahora sólo existen negocios de telefonía móvil y casas de empeño bien iluminadas por la noche. Los árboles fueron talados y, en su lugar, el ayuntamiento colocó farolas cada medio metro emulando un malecón sin alma, haciendo brillar un barrio que perdió su brillo interior.

16 comentarios:

Sergio DS dijo...

Las utopías no flaquean con tanta facilidad, no se les vence tan facilmente. Se abrirán nuevas sucursales en otros barrios que volverán a brillar.

raúl fdz pacheco dijo...

ah! maldito brillo falso. maldito oropel. me ha encantado conocer villa utopía.

4 strongs winds and 7 seas dijo...

Los Jacintos no dejaran de crecer y las Utopias siempre seran la luz de los sueños mas hermosos!
un abrazo
Tsi/Jesse

Javier Herque dijo...

Pero aun así su historia ha llegado aquí, de algún modo esa utopia con aroma a hierba de San benito, a Verbena, a remedios envasados en frascos azulados o color caramelo ha llegado aquí donde una utopia puede dejar atrás su madera nativa y trasformarse en un sueño en blanco, negro y color según soñó la Sra. Gepetto.

Beso.

Irma dijo...

¡¡Pobre utopía siempre tan arrinconada e incomprendida!!, aunque creo que cada vez somos más los que creemos que podemos hacerla realidad.

Espero no se cierren más lugares entrañables y cargados de utopía, por la imposibilidad de sostener una utopía.

Besines utópicos, Irma.-

Ginebra dijo...

En estos tiempos que corren las utopías, tan necesarias ahora, peligran por insostenibles...
También yo estoy pensando seriamente en echar el cierre a la mía propia (este rincón) por ser incapaz de sostenerla.
Una quisiera decir muchas cosas, pero cada vez tengo menos ganas de decirlas y más motivos para guardar silencio...

Besos y gracias siempre.

Sara dijo...

Como te entiendo Ginebra querida, me siento como tú, cada vez con más motivos para guardar silencio...y decir lo que tengo que decir sólo en pueblecitos y rinconcitos apodados utopia, yo sigo aferrada a las mias y luchando a brazo partido por ellas, eres de mi clan...creemos en ellas...podremos¡ de lo contrario el mundo perderá su píldoras con rico sabor a gominola de humanidad.
Mi abrazotedecisivo guapa, que espero dártelo muy... muy prontito en persona.

Gabriela dijo...

Querida, este lugar es siempre un motivo para sostener vínculos, anímate!!!
(Ellos ganan si renunciamos!)
Sostengamos la trama de la pequeña utopía, te queremos tanto!!!
Un abrazo

La sonrisa de Hiperión dijo...

Amiga las utopías siempre son mantenibles...

Ánimo.

Camino a Gaia dijo...

Nos sumergimos en una distopía demencial y absurda.
Un saludo

King Piltrafilla dijo...

Estaba preparándome para repetir mi entrada dedicada a la Semana Santa de hace un par de años y me la he encontrado a usted. Me ha hecho ilusión encontrarme con su antiguo comentario.Saludos.

PSYCOMORO dijo...

Es lo que sucede cuando dejamos que el tiempo cubra las utopías; no entiendes el recuerdo de los restos, ajenos a todo lo que valió la pena alguna vez. Suerte tenemos de rincones como este, Gineba, que mantienen vivo el sentido de las buenas sensaciones. Besos.

Möbius el Crononauta dijo...

Desde luego lo están poniendo difícil.

Leyéndote me pregutno alguna vez si has leido a Reiner Zimnik, autor de cuentos. Creo que te gustaría.

Besos utópicos, lady Gin

ñOCO Le bOLO dijo...


· Tan triste como hermosa historia.
Todos tenemos nuestra Utopia interior. Por todos medios alguien trata de colonizar nuestra alma. La lucha debe continuar, o quedaremos vacíos.

· un beso

CR & LMA
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Javier Herque dijo...

Cada dificultad me condiciona
pero cómo evitarlo
cómo cerrar los ojos
y que no me importe morir
que el abismo pregunte por mí
y en cada puerto donde toque tierra
y sé que nada me pertenece
comience mi historia
y que ésta sea un regreso al polvo
a través de hilos oscuros.

(Esdras Parra)

...tú no sabes cerrar los ojos.

Beso

BEATRIZ dijo...

Pero si era un negocio de sueño. Así sucede con los comercios. Yo extraño las tienditas de la ezquina que abundan en México y aquí estan extintas.

Saludos, y un placer.