28 julio 2013

Maneras de vivir


Alex es rumano, procede de Ploiesti, en la región de Prahova.Tiene 23 años y reside en nuestro país hace cuatro años. Es temporero y vive  en Cebolla, un pueblo de Toledo, aunque recorre nuestra geografía para trabajar en tareas de recolección de frutas y verduras por un sueldo diario. El primer año que llegó a España le hablaron del Valle del Jerte, le dijeron que encontraría trabajo en la recogida de cerezas durante al menos tres meses y desde entonces viene cada verano y trabaja con la misma familia, con Rosa y Miguel, un matrimonio con el que comparte no sólo la faena, también conversación y muy buenas relaciones.
Me cuenta que en su país el salario medio no supera los 300 euros al mes y que una jornada laboral en el campo de diez horas se paga a diez euros, una miseria comparado con lo que gana aquí recogiendo cerezas, unos 45 euros ,más lo que su jefe cotiza por él en la Seguridad Social.
Está contento de tener este empleo y tiene pensado quedarse en España.Si puede visitará a su familia durante este año.
Acaba de llegar del campo y está cansado. Se nota por sus profundas ojeras. La jornada es larga, extenuante, pero le gusta el sitio dónde realiza su trabajo, en el campo, subido a un cerezo entre montañas con vistas a un hermoso valle.
Al finalizar la jornada pasa por el garaje dónde las mujeres han trabajado en la clasificación de la fruta y bebe una cerveza fría. Es el mismo ritual de cada día, un momento distendido entre jefes y trabajadores para comentar el día y organizar la jornada siguiente. No quiere posar con su lata de cerveza, es algo común en todos ellos, entre risas me comentan que en la foto no se debe salir fumando o bebiendo alcohol.


 Rodrich Manole es rumana de etnia gitana. Tiene 54 años, aunque parece mayor. Siempre ha trabajado como temporera y su rostro es testigo de ello, del trabajo duro y la intemperie.
Vino a España con su marido, Yon Manole, con el que reside en Talavera de la Reina (Toledo). Hace cinco años llegó al Valle del Jerte y, como hiciera su compañero Alex, sigue viniendo cada verano a la recogida de la cereza.
Como cualquier mujer,es presumida. Se quita sus gafas de cristales gruesos para posar en la foto y me pide que le envíe algunos retratos de los que le he hecho.
Nació en Constanta y echa de menos su ciudad, aunque dice estar muy bien aquí y piensa quedarse algunos años más.
Es risueña y dicharachera, aunque no siempre consigo entenderla, pues el español se le resiste un poco.


Yon y Rodrich bromean con el joven Alex, al que se nota que arropan como si fuese un hijo suyo. Los tres trabajan para Rosa y Miguel, quienes me comentan que si no fuese por la mano de obra extranjera no podrían recoger la cosecha.


Víctor y Gheorghe Hechita son hermanos, tienen 34 y 37 años respectivamente.Ambos viven en El Torno, el pueblo del Valle del Jerte en el que trabajan como agricultores durante todo el año..
Mario tiene 22 años y lleva tres aquí, trabajando con Tachi y Teodoro. Le gusta la geografía, pero se le daban mal los estudios. En su país no tenía posibilidades y cuando cumplió la mayoría de edad se vino con su hermano a España. No le disgusta trabajar en el campo, aunque lleva mal eso de madrugar cada día, pues apenas puede salir a conocer a las chicas del pueblo, eso es lo que me confiesa con la risa pícara de un chico joven y atractivo con ganas de divertirse.
Víctor procede de Transilvania, de un valle como este en el  que vive ahora. La agricultura es su vida, aunque no es propietario de tierras. Me cuenta que en su pueblo natal han instalado fábricas textiles de capital chino y turco en el que suelen trabajar sobre todo mujeres. Decidió emigrar  porque los salarios allí son muy bajos en proporción con los precios de los productos básicos. No tiene esperanza de que en su país, las cosas mejoren; piensa que hay una enorme diferencia económica con España, a pesar de la crisis que sufrimos actualmente, por eso ha decidido quedarse y criar a su hijo aquí.



 Si uno se da una vuelta a partir de las nueve de la noche por el pueblo, verá que casi todos los garajes están abiertos de par en par. No hay coches dentro, ahora tienen otra utilidad: la de escoger y clasificar la cereza, tarea que suelen realizar las mujeres. A esta hora finaliza la extenuante jornada. Es el momento de tomar un refresco antes de pasar por el supermercado para comprar algo de cena. No hay horarios que valgan,  durante la recogida de cerezas absolutamente todo se ajusta al comienzo y al final de la jornada laboral de los trabajadores del campo.

Inmigrantes rumanos. Fotos de Ginebra
Florina es madre de una niña y una adolescente, Delia. Vino con su marido y se quedó. Encontraron un modo de vida en el campo y trajeron a sus hijas que ya están escolarizadas aquí.
Su compañera Tereza se irá en tres días. Ha venido sola. En Rumanía le espera su familia. Se le nota un halo de esa tristeza que provoca la nostalgia de estar lejos de los suyos. Apenas habla, no sé si es por timidez o porque no controla el idioma todavía.

Estos son algunos de los rostros de  personas que han dejado atrás su tierra buscando algo mejor para ellas y para sus hijos. Son gente humilde y con su trabajo sostienen la producción de cereza en todos los pueblos del Valle del Jerte cada año. Son imprescindibles, necesarios y, por ende, siempre bienvenidos.

12 comentarios:

Erik dijo...

Dicen por ahí que: Uno es de donde le pagan.

¡Pero que va...!

Beso

raúl fdz pacheco dijo...

recientemente vi un reportaje de comando actualidad, en tve, que hablaba del valle del jerte. un señor organizaba tours con autobuses de abuelos, que estaban encantaos de recoger la cereza (en plan turístico) por tus tierras. me acordé de ti! aunque me gusta mucho más tu crónica, desde luego, y tu idea de extender la mano a quien quiera integrarse, ganarse la vida, sin importar nacionalidades.

Gizela dijo...

PRECIOSA ENTRADA!!!!
Linda en fotos, en historia, en realidad!
Soy de las que cargan A.D.N de emigrante a cuesta, se lo que sienten
Qué belleza, que encuentren aquí, en la España que tantas veces maltratamos, sólo por querer que siempre esté mejor y ofrezca mejoras para los que la habitamos.
Sí...en muchos sitios, se vive mucho peor y en pocos sitios, como en esta España, encontramos sitio y gentes, que nos hacen sentir en casa...aunque estemos lejos de ella.

Besossss niña linda!!!

Ginebra dijo...

y es que no hay nada más absurdo que las fronteras que cierran el futuro a quien nada tiene.
Uno es de donde pace,no de donde nace, o al menos es lo que se dice por aquí:).

Raúl, vi ese documental (era bastante patético, por cierto) pero mira que el tipo le está sacando un rendimiento de narices. Gana más con menos esfuerzo, pero los cerezos destrozados,claro, un autobús de turistas cogiendo cerezas es peor que una bandada de cuervos... Yo no lo haría en mis fincas ni de coña,pobres arbolitos!
Besos y feliz semana.

Aristos Veyrud dijo...

Ojalá estos ejemplos se multipliquen en toda Europa y le den uno de los justos propósitos a los convenios y tratados de la UE. Redefinir la solidaridad en los momentos de crisis redundará por necesidad en el bienestar de todos, sobre todo de los más indefensos y con menos oportunidades.
Una propuesta real, eficiente, y efectiva para ayudar a paliar problemas de desempleo artísticamente documentada por una lente inteligente y de gran sensibilidad social.
Besos Artista!!!

fus dijo...

Una entrada solidaria y ejemplar. Enhorabuena.

un abrazo

fus

Juan Luis Garcia dijo...

Hola Gin!

Leí la entrada ayer por la tarde. Qué gran potencial humano rebosa el texto y las fotografías. Qué magnífico homenaje al esfuerzo, sacrificio y dignidad que representan estas personas. Les deseo lo mejor, porque por su trabajo realmente se lo merecen.


Saludos.

Nómada planetario dijo...

Hace años no voy por aquellas tierras. Tornavacas, Honduras, Piornal y otros los conozco en bici. El valle es una delicia. Historias como las que relatas denotan que la humanidad está por encima de todo.
Besos.

virgi dijo...

Precioso homenaje a todas esas personas que emigran buscando sobrevivir en este mundo inhumano.
Para que luego digan, como si la humanidad en su conjunto no hubiera emigrado desde que salimos de África.
Me ha gustado muchísimo, tienes un gran corazón que te le oigo latir desde que te conozco, sí.
Y te abrazo, claro!

Sara dijo...

Hola Maribel, por eso me saben a mi tan ricas esas cerezas, a humanidad pura y dura...o mejor a bendita humanidad.
Nosotros hemos regresado del sur de las vacaciones (empastillada por mi vértigo que aún no ha cedido del todo, me tiene harta ya) y las cosas están mal,se ven por todos los sitios esos malos momentos que están pasando demasiadas personas, demasiados semejantes. Ahora nos queda una semanita que dedicare al lugar que nació para yo quererlo...a ver si allí me curo del todo, porque vaya veranito que llevo entre unas osas y otras. En unos días volvemos al trabajo y este verano ha sido muy extraño para mi...pero para otros como tú dices es peor...están lejos de su tierra y están rodeados de ese halo de tristeza por esas condiciones duras...asi es que ni quejarme y dar gracias por las maravillosas cerezas de tu hermosa tierra.
Al ir a Cádiz pasamos dos días en Zafra y que hermosos es también. Extremadura es divina desde luego que si.
Mi abrazotedecisivo guapa y una vez más FELICIDADES por tu entrada.

Gabriela dijo...

Los paisajes de corazón, como siempre fotos e historias nos sitúan y nos revinculan con un mundo diverso y complejo.
Tu modo siempre me deja pensando.
Enriqueces bella!!!!

P.D. has agragado fotos en el lateral.... tu si que sabes.

Ginebra dijo...

Muchas gracias por vuestras palabras, me alegra mucho que lo que escribí os gustase. La verdad es que hay muy buena gente rumana aquí en el pueblo, gente trabajadora que incluso han montado negocios como un taller mecánico o un bar y dan trabajo a gente de aquí. Es como dar "la vuelta al calcetín", ¿verdad?.
Besos y feliz finde.