20 abril 2015

Lejos: el infierno

Robles y niño. Foto de Ginebra
Dos robles centenarios franquean la entrada de la finca. Han tenido suerte y se han salvado de una tala segura. Doy gracias por ello, pues son esfinges protectoras, seres  rotundos que emanan esa placidez que envuelve  todo el espacio. 

Juan corretea por un sendero que conoce a la perfección, puede trepar las lindes con los ojos cerrados, subir y bajar, correr o buscar la fuente para beber su agua clara.
Ha dormido en el chozo de piedra que construyó su abuelo, el cabrero. Para él es una acampada, una aventura, mientras que para el viejo era una obligación y una forma de vida: dormir en la piedra durante las noches de verano en las que debía cuidar  sus cabras. A todas les asignó un nombre. Todas obedecían a un simple silbido o al ladrido del perro guardián.

A Juan le gusta el campo más que la escuela, aunque es un alumno aplicado que saca buenas notas. Vive una infancia feliz que nada tiene que ver con la desdichada existencia de otros.
A Juan nadie le robó la vida, las horas de juego, nadie le arrebató esa despreocupada alegría de concentrarse únicamente en el gozo de la niñez.

Las montañas vigilan sus movimientos. Son sus ángeles protectores. Nos observan calladas e impávidas, inamovibles en su volumen, inaccesibles en su grandeza.
Todo aquí es limpio, equilibrado, brillante, laxo, delicado y perfecto. Lejos:el infierno.

14 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Una infancia, con juegos en espacios abiertos, otorga una perspectiva muy diferente de la vida.
Una pequeña corrección en tu texto, dónde dice: "...que construyó su abuelo, el cabero..."; creo que debe decir el cabrero.
Besos de tarde burocrática.

Gabriela dijo...

Parece increíble que esto del trabajo de niños no sea considerado primordial, ahí, en israel, y en cada lugar del mundo, donde los niños no pueden crecer eligiendo nada...
(pienso en niño yuntero.... que tristeza mas inmensa que no hayamos entendido todavía!)

ñOCO Le bOLO dijo...


Empezando por lo más importante... ¿que podemos esperar de Israel? ¿que podemos esperar del Dios que lo hizo el pueblo "elegido"?... y el Evangelio habla de los niños...
Juan ha tenido la suerte de no nacer en el terreno equivocado. Ojalá muchos Juanes sean capaces de cambiar el rumbo del mundo.
La foto me gusta mucho. La titularía niño con árboles.
Sí, Ginebra, lejos del infierno pero quemándonos en la injusticia.

Un beso

· LMA · & · CR ·

volvo dijo...

Y eso que estamos en el siglo XXI... Hemos sido capaces de llegar a Marte, construido lujosas torres de babel, inventado artilugios maravillosos que ahorran trabajo y algunos, incluso, sustituyen manos y piernas,... Pero nos hemos olvidado del ser humano, seguimos olvidando, sobre todo, al más indefenso.

Te dejo un beso, Ginebra.

Sara dijo...

Que te voy a decir hoy preciosa Maribel que hablas de mis montañas amadas y de mis seres preferidos, los árboles...que voy a ñadir yo a lo que tan bonito has contado de esos valores y esa educación, de ese estar lejos del infierno y la mala fortuna de aquellos que no han nacido en el lado bueno del planeta (que ironía, el lado bueno del planeta, por Diosssss). Que tu delicadeza y elegancia para contar las cosas del día a día, nos sigan deleitando nuestros momentos.
Mi abrazotedecisivo guapa, que disfrutes del martes.

Chousa da Alcandra dijo...

Afortunado Juan que tuvo la dicha de nacer en una tierra menos hostil y entre personas que fueron capaces de conservar el chozo de piedra del abuelo. Y los robles centenarios.
Aunque se acaben unos días de descanso para mi, brindo por Juan, su abuelo y por la fotógrafa que nos los dió a conocer!

Bicos

Erik dijo...

Juan es un afortunado

Beso

Ginebra dijo...

No tener una infancia feliz es una enorme injusticia, además de una putada muy gorda.
Las relaciones internacionales son totalmente hipócritas e injustas. Sólo prima el beneficio económico y se trafica con personas, se las explota y entre esas personas están millones de niño en cualquier país del Tercer Mundo o de áreas emergentes, aquí también.

El caso es que la legislación internacional prohíbe el trabajo infantil, también las leyes israelíes, pero sólo para los niños elegidos, los demás no cuentan.
La población palestina sufre todo tipo de calamidades hace décadas y todo sigue igual.

Es el mundo que no quiero para mis hijos, ni para los tuyos, ni para los de otro.

Juan es afortunado, sí, como deberían ser todos los niños, afortunados con o más o menos cosas materiales, pero al menos con una vida digna dónde no se violaran sistemáticamente sus derechos.

Gracias y feliz noche.

tecla dijo...

Vi tu nombre y me gustó, Ginebra. Y he venido a ver qué tal.
Y también me gusta lo que dices.
Estoy interesada en disfrutar de tu compañía.
Necesito que me aceptes.

Juan Carlos dijo...

Puedo percibir que aquellos dos robles, no son solo dos árboles. Son dos ángeles flanqueando las puertas del cielo. Allí donde una piedra es la cómoda almohada de un pastor, un camino es la palma de la mano de un niño, una modesta cabaña la dulce aventura de un infante y ese paisaje sano y feliz, no es más que ese paraíso donde todos los niños deberían vivir, para que sepan que feliz no es quien más tiene sino quien menos necesita para serlo.
Juan, enriquece su alma mientras crece. Y alimenta su mente con los libros en la escuela. No necesito ser un profeta para saber que el éxito lo espera.
Autora. Quizás lo escribiste con otras letras, pero fue lo que yo entendí. Y gracias mil, por este relato tan delicioso que me deja una sonrisa de satisfacción.

¡Saludos!

Ginebra dijo...

Tecla, aquí se acepta a todo el mundo que venga en "son de paz", así es que bienvenida.

Juan Carlos, la que tiene una sonrisa de satisfacción soy yo después de leer tu comentario y comprobar que has captado íntegramente el mensaje como si lo hubieses escrito tú mismo. Gracias.
Saludos

Enrique dijo...

Es tremendo e inconcebible el maltrato infantil.
Da igual el país y la época.
Ellos son el futuro. Nuestro futuro.

Menos mal que frente a otros menos afortunados, existen muchos Juanes por el mundo que pueden disfrutar de su condición de niños. Y jugar.

Abrazos, Ginebra!!

PD: Preciosa fotografía has elegido para ilustrar la entrada.

Gizela dijo...

HERMOSO RELATO!! y Preciosa foto!

Juan es un niño afortunado, como deberían ser todos los niños
¿Será que algún día eso será realidad?

El relato me recordó a mi difunta suegra. Ella cuidaba en los montes ovejas y cabras y tantas noches de invierno,por tormenta, tenía que dormir en los refugios que existían en los montes que rodeaban a Oceño

Besossssssss

Ginebra dijo...

Pues sí, para compensar un poco tanto mal rollo, están los "juanes" (y de paso, "los donjuanes"... bueno, esto es por quitarle hierro:).
si no sabemos ver que ellos son nuestro futuro, como apunta Enrique, "que Dios nos coja confesados". Me parece de ignorantes, además de injusto. Si a un niño le robas la infancia, el niño desaparece y surge un hombre despechado, un ciudadano con taras, es natural y lógico.
Es que es todo negativo...
Gracias, Enrique y Giz. Feliz noche.