12 septiembre 2015

En nuestro corazón

Mohamed-Fadel. Foto de Ginebra

Mohamed se marchó el día 10 de septiembre, a las tres de la tarde le acompañamos al Casar, el pueblo al que fuimos a buscarle dos meses antes y del que salía el autobús que le llevaría a él y a otros muchos niños al aeropuerto de Sevilla, desde dónde cogerían un vuelo con destino a Argel. Llegaron de madrugada a Tinduf y de ahí a los campamentos de refugiados en Argelia, a sus wilayas correspondientes, Mohamed a  El Aaiún, otros a Smara, Auserd o Dajla, a sus casas, dónde les esperarían impacientes sus verdaderas familias.

Casi todos los niños montaban en el autobús muy contentos y nerviosos, se les notaba la impaciencia; a Mohamed le latía muy rápido el corazón, lo comprobé cuando le abracé fuerte en nuestra despedida.Ellos han disfrutado de unas vacaciones llenas de experiencias nuevas y nosotros también. 
Ahora que no está, nos quedan sus fotos; las conversaciones llenas de interferencias por el desconocimiento mutuo de los respectivos idiomas, el progreso en la comunicación, las risas y también los llantos, el recuerdo imborrable de estos días que permanecerá en nuestro corazón y en nuestra cabeza; recuerdos que repasaremos, archivaremos, sacaremos a pasear y nos servirán de almohada en las peores horas.

El programa "Vacaciones en Paz" me parece una iniciativa muy bonita, a la vez que necesaria. Todos ganamos algo y nadie pierde nada. Gracias a este proyecto los niños pueden viajar y conocer otras culturas muy distintas a la suya; pueden recibir tratamiento médico, una mejor alimentación y gozar del agua de la que carecen y que para ellos es la "primera maravilla del mundo". Vienen con una pequeña mochila que contiene pocas cosas , entre ellas algún regalo para nosotros, sus familias de acogida, y se marchan con una maleta repleta de ropa nueva, zapatillas, material escolar, comida, productos de higiene, medicamentos, juguetes, golosinas para sus hermanos y amigos, gafas de sol tan necesarias en el desierto y que contiene, quizá esto sea lo más importante, una buena parte de nosotros, su otra familia ahora.





La vida en un campo de refugiados debe ser muy dura y ello les hace ser duros y tener una enorme capacidad de adaptación. Son admirables, pero no olvidemos que la paciencia tiene sus límites. Este año expira el plazo acordado por Naciones Unidas para el referéndum de autodeterminación del Sáhara y este pueblo está cansado de que se le ningunee y de vivir como lo hacen.