30 marzo 2016

Como un árbol


Estábamos en casa de mis amigos, habíamos ido a pasar el fin de semana a La Vera. Era domingo e íbamos a salir a tomar una cerveza y a comer por ahí. Recuerdo el día y el instante cada vez que veo esta fotografía.La puerta se abrió repentinamente (nadie llamó, eso es algo que me molesta) era mi hija, tenía mi cámara de fotos y, sin mediar palabra, me hizo este retrato y, en ese acto inocente e impulsivo, vino a romper ese hechizo que es tu imagen y tú frente a frente.

Esa intimidad que creamos cuando nos arreglamos para salir de casa siempre me ha recordado, de alguna forma, a una especie de ritual mágico que ejecutamos lejos de la mirada de los otros. Suelo poner música mientras me aseo, me visto, pinto mis labios, me perfumo y elijo  los pendientes y abalorios que combinen con mi indumentaria y con mi estado de ánimo... En eso consiste, ya ven, ese "universo femenino" del que suele hablarse y que levanta más expectativas que otra cosa (al menos entre el género masculino) pues ahí está contenido ese universo, al menos el mío...

Mirarse en el espejo, reconocerse y gustarse (y no me refiero a la imagen física) es un gesto que requiere valor, porque el espejo, como la cámara, siempre te devuelve algo que pasa inadvertido a los ojos de los otros, pero que no puede esconderse. He de decir que en la mayoría de los casos me enfrento de una manera tranquila y segura ante mi propio reflejo. No escondo mucho, para ser franca, no escondo nada y, aunque hay excepciones, estoy conforme con mi pensamiento y mi modo de actuar. Creo que soy una persona coherente, aunque haya circunstancias y contextos en los que me contradiga porque soy humana, ni más ni menos,y asumo mis imperfecciones, y trato de corregirlas (en eso creo yo que consiste la evolución, y no en tener los cachivaches más modernos y las últimas generaciones de electrodomésticos, por ejemplo).

Es valiente quien pide disculpas, quien se corrige cada día para crecer como un árbol, a pesar de los avatares cotidianos, que no son pocos. Es valiente quien expresa lo que siente y no lo esconde, porque las emociones positivas debemos airearlas, expresarlas, compartirlas, porque si no lo hacemos, puede ocurrir que nadie sepa que las tenemos, y eso es un error, porque se rompe un instante vital que no se recupera. No hay que tener miedo a decir "te quiero",por ejemplo, es una frase asombrosa que se contiene en dos palabras: pronombre y verbo, y que encierra la esencia humana más gratificante, seguramente.

16 comentarios:

Alí Reyes dijo...

No hay que tener miedo a decir "te quiero". Parece sencillo pero a veces...ni a nosotros mismos queremos decir eso

ñOCO Le bOLO dijo...


Pues mi voz será para decirte que me encantan tus reflexiones. Ese estar solo ante un espejo siempre da lugar a interesantes pensamientos, cuando no conversaciones.
La foto de tu hija refleja la naturalidad del momento. Por cierto, dale las gracias de mi parte, nos ha brindado una estupenda oportunidad de conocerte. Encantado, por supuesto.

Un beso

· LMA · & · CR ·

Libellus dijo...

Que tu hija te sorprenda “empolvándote la nariz” frente al espejo del lavabo, con ser un hecho grave, no reviste los tintes de tragedia que quizá habría adquirido si el suceso se hubiera producido a la inversa. Inspiradas en el personaje de Mia Wallace (Uma Thurman) en “Pulp Fiction”, cada vez son más las fans de Tarantino ─señoras pudientes y estrafalarias en su mayoría─ adictas a estas prácticas de “empolvamiento nasal” frente al espejo del lavabo. A tenor de las múltiples virtudes humanas que tu exquisita actividad bloguera deja entrever que atesoras, espero que este grave incidente solo haya sido una eventualidad propia de alguna noche loca de juerga y orgía y no un hábito cotidiano.

"El Gruñu" dijo...

Si una relación fracasa o descarrila, al inicial y sublime “te quiero” le sucede generalmente un lastimoso “te vas a tomar por el culo”. En caso de matrimonio, para el marido, ese “te vas a…”, implica casi siempre varios “te quedas”: “te quedas sin los niños”, “te quedas sin el coche” y “te quedas sin la casa…” Por eso a los hombres “les cuesta mucho más”-nunca mejor dicho- que a las mujeres decir “te quiero”.

"La Chancalaera" dijo...

"No me retracto:
voy a hacerme un tatuaje
con tu retrato."

Ginebra dijo...

a veces lo sencillo es lo complicado o lo que hacemos complicado, Alí.

Y mirarse en el espejo, Ñoco no es fácil, porque éste te devuelve siempre la verdad. La mirada interior es mucho más complicada que la física, ¿no crees?. Ya me conoces, pues tengo retratos varios en la sidebar de mi blog.

No me empolvaba nada, como muestra la foto me pongo un pendiente, Libellus, no es un baño, es la habitación de invitados de la casa de mis amigos. Pero sí, sería terrible sorprender a mi hija imitando a Mia Wallace, francamente.

Gruñu, visto así, me quedas sin argumentos...

Chancalaera, haikus y tatus...creo que tienes talento.

Libellus dijo...

Pues en las habitaciones para invitados es donde suelen ocurrir los hechos más insólitos: el novio suele tirarse a la dama de honor en el cuarto de invitados, el abuelo descuartiza a la abuela después de sesenta apacibles años de matrimonio en el cuarto de invitados y en un cuarto de invitados tuvo lugar la cruenta matanza de Acentejo.

Pero vale, aceptamos que tratabas de ponerte un pendiente cuando tu hija te sorprendió en el cuarto de invitados. Espero que no se te haya quedado alguna tuerca suelta (del pendiente, me refiero).

Gabriela dijo...

tus reflexiones hacen que si no mediara entre nosotras medio mundo saliera a abrazarte por lo franca y bella. Valiente frente al espejo, dejas tu huella en tu hija, y ya se ve brillante su mirar!
Ojala te llegue este afecto genuino desde esta ventana virtual.
Gracias por compartir e inspirar!!

Ginebra dijo...

Libellus, en las habitaciones de invitados que yo frecuento no pasa nada que yo no quiera que pase:). En cuanto a tuercas, he perdido las que no precisaba, me quedan las que necesito.

Gaby, por esta ventana virtual siempre me ha llegado tu afecto y sé que es recíproco, me consta, son ya muchos años.
Un abrazo y un beso. Gracias a ti por estar ahí siempre.

Chousa da Alcandra dijo...

Y aunque en aquel momento te mudase el rictus por la ruptura del hechizo; tan solo a la madera de tu propia cerna se le permite (con matices) la licencia para -además de romperlo- capturarlo en una imagen que luego te trae el recuerdo del instante puntual y que te hace (cerrando el círculo) mudar el rictus a una sonrisa.

Y es que diga lo que diga el refranero "Non hai mellor cuña ca da mesma madeira"

Bicos

volvo dijo...

Todos tus reflexiones están clarísimas pero me atrevería a decir que la que parece tomar cierta relevancia es que tu hija te sigue los pasos, al menos fotográficamente hablando; pedazo de retrato, querida. Luces fantástica, los espejos no engañan, ven lo que ven y su sinceridad, a veces, resulta más dañina que mirar al sol de frente mas, como bien dices, lo importante es sentirse bien con uno mismo.

Te dejo un beso, Ginebra.

Ginebra dijo...

Pues sí, Chousa, es un buen refrán, como lo son la mayoría de ellos. La niña (ya una mujer) apunta maneras. Me gusta mucho como ha ido madurando y cambiando y también sus puntos de vista sobre las cosas, también con la fotografía:)))
en fin, "la niña de mis ojos", ¡qué te voy a decir!:). El caso es que hay que llamar a las puertas antes de entrar (cuando están cerradas) aunque en este caso se hubiese perdido un retrato que era un instante íntimo y que hizo ella, claro.
Besos

Gracias, Volvo, sobre todo que cuando lo ves te acuerdas del instante y de que ,entonces, ella cogía mi cámara a menudo. Ahora ya no, suele hacer fotos con el móvil ¡cómo no! pero la tía lo hace bien, me gusta bastante. Siempre le ha interesado el arte en general, ha ido tres años a estudiar a la escuela municipal de BB.AA y se le da bien, sobre todo es algo que la relaja mucho.

En fin, parece que he dejado un rastro de baba superior a un ejército de caracoles, pero bueno, hemos pasado malos momentos y creo que hemos mejorado mucho, así es que puedo presumir de chiquilla, ¡qué coño!.

Besos para los dos.

Camino a Gaia dijo...

Son buenos maestros. Los árboles. Son espejos de madera. No devuelven nuestra imagen. Ofrecen la propia. Parece que solo aprenden. Pero enseñan.

Un abrazo

Ginebra dijo...

Los árboles son buenos amigos, al menos míos. A veces estoy mejor con ellos que con las personas, depende del momento, pero para mí son imprescindibles. Vivo en un país en el que no se respeta demasiado a estos seres magníficos y sabios que han vivido incluso quinientos años o más algunos. Algo tendrán, pues, que enseñarnos, dado que su vida es más mucho más larga que la nuestra...
Besos, Gaia

Sara dijo...

Mi querida Maribel, no podía pasar sin dejar comentario en esta tu entrada...a mi parecer...tú más maravillosa entrada de este blog...madre todo lo que dices...madre como trasmites ese alma de mujer. Sabes a mi me pasa igual...ese espejo me dice que estoy bien o mal...pero no fisicamente fíjate tú...la imagen que reflejan mis espejos es esa imagen emocional...me ha encantado y mira tú...otra cosa en la que coincidimos.
Tengo unas ganas locas de volver a tu tierra.
Mi abrazotedecisivo guapa.

Ginebra dijo...

Jajajajajaja, Sara, se ve que me miras con buenos ojos!!! Quizá esa transmisión de sentimientos y emociones son más comunes entre las mujeres, será esa cercanía femenina, esa empatía, la que hace que tengamos todas emociones similares...Me alegra que coincidamos siempre, incluso cuando te das un voltio por estas tierras. Aprovecha la floración del cerezo, que ya está llegando...
Besos