13 julio 2016

Imposible

La huida. Foto de Ginebra

PIDO LO IMPOSIBLE

Pido lo imposible: ámame siempre.
Ámame cuando no nos quede el deseo.
Ámame con la dedicación de un monje.
Cuando el mundo en su entera totalidad
y todo aquello que te es sagrado vayan
en mi contra: ámame aún más.
Cuando la ira te invada  y no tenga nombre: ámame
Cuando cada paso desde casa al trabajo te agote:
ámame y recórrelo de nuevo.

Ámame cuando te aburras
cuando cada mujer que veas sea más bella que la anterior,
o más patética, ámame como siempre lo has hecho:
no admirándome ni juzgándome, sino con
la compasión callada
que guardas para ti.

Ámame mientras saboreas tu soledad,
la anticipación de tu muerte,
los misterios de la carne, que se desgarra y remienda.
Ámame como al recuerdo más preciado de tu niñez
y si no encontraras ninguno
imagínalo e imagíname contigo.
Ámame ajada como me amaste fresca.

Ámame como si fuera eterna
y yo haré de lo imposible
una mera acción,
amándote como lo hago
(Ana Castillo, Chicago 1953. Traducción de María Ponz)