23 noviembre 2016

No llores, mujer

Esa rosa es para ella. Foto de Ginebra

El viernes, 25 de noviembre, celebramos el Día Internacional contra la Violencia de Género. En el instituto, los tutores en coordinación con la educadora social y el departamento de orientación, llevamos un tiempo preparando una serie de actividades por grupos y curso en las que se involucrará toda la comunidad educativa: padres y madres, representantes del ayuntamiento, el colegio de primaria del pueblo y nosotros, el instituto.
El ayuntamiento nos ha cedido la casa de cultura y en el recreo suspenderemos las clases y representaremos para todo el público aquellas iniciativas que hemos preparado para recordar y recordarnos cada día que no debemos ser tolerantes con la violencia de género y que la educación en valores es la forma más segura de luchar contra esta lacra social.

Con mi grupo, 4ºB, he preparado una actividad sencilla, pero creo que muy bonita. Paola, una alumna, leerá el manifiesto que he escrito para la ocasión. Mientras ella lee, sonará de fondo esta canción, que luego versionarán libremente tres alumnos músicos, Ángel a la guitarra eléctrica, Juan Jesús a la batería y Cristofer al bajo.

"Nací una noche sin luna y lo hice llorando, como solemos hacer todos los seres humanos la primera vez que abrimos los ojos al mundo. Mi madre me amamantó y vi que también lloraba, no supe si de alegría o por otra razón que se me escapa.

A lo largo de los siglos he sido testigo del llanto femenino y de su lucha también. Hubo un tiempo en que parecíamos sumisas, pero en todos los corazones palpita el sentido de la justicia y aprendimos a luchar y a exigir una igualdad de derechos y libertades. Conseguimos, por ejemplo, poder votar y llevar nuestras propuestas a los parlamentos. El sufragismo femenino fue el primero de nuestros grandes éxitos e hicimos posible una verdadera democracia y unas  sociedades más justas.
Lloramos cuando nos impidieron acudir a la escuela, pero aprendimos a leer y escribir. No nos rendimos y accedimos a la universidad. Cumplimos nuestro sueño de ser algo más que madres y esposas.

Nuestro llanto se convirtió en un río cuando tuvimos que esconder nuestro verdadero nombre bajo un seudónimo masculino para poder publicar un libro, un poema o una composición musical. También cuando nuestro trabajo científico no tuvo un reconocimiento internacional y los Premios Nobel los recibieron otros: nuestros compañeros de estudio o nuestros maridos; a veces, incluso, ni se nos invitó a estas galas que eran en otro tiempo patrimonio exclusivo de los hombres. Pero todo llega y ocurrió que, después de muertas, los libros de texto y las revistas científicas hablaron de nosotras y nuestra memoria quedó  impresa para siempre.

Seguimos llorando cuando abrimos un periódico o vemos una noticia en la que una mujer ha sido víctima de la violencia de género. Lo hacemos cuando nuestro salario es más bajo que el de nuestros compañeros varones, haciendo el mismo tipo de trabajo y teniendo la misma cualificación profesional. Nos duele saber que una niña o una mujer de países lejanos han sido esclavizadas, abusadas, privadas de sus derechos básicos u obligadas a contraer matrimonio en contra de su voluntad,  o incluso asesinadas por desvelar públicamente estos hechos.


Sentimos el dolor de muchas  de nuestras hermanas africanas y asiáticas que siguen sufriendo la tortura machista de unas sociedades ancladas en el pasado y la indolencia de unos gobiernos que hacen leyes al mismo tiempo que miran hacia otro lado. Pero nos sentimos esperanzadas porque el llanto termina remitiendo cuando se impone la necesidad de luchar para cambiar las cosas, y seguimos haciéndolo. Reivindicando esa igualdad que se nos es negada, pero que es posible y necesaria".

7 comentarios:

Chousa da Alcandra dijo...

Me uno a la clase de 4ºB y a la voz de Paola, para leer con ella ese párrafo final en el que la esperanza se da la mano con la razón, para reivindicar la pura lógica.
(En la cantera donde trabajo, el viernes llevaremos el lazo morado. Ya se que es un simple símbolo; pero es nuestra forma de exhibir nuestra adhesión a esa lógica razón)

Bicos con flores

ñOCO Le bOLO dijo...


Nunca ese llanto será inútil aunque nuestra esperanza radica en que nunca sea necesario.
Queremos un llanto libre, el que nace de nuestra alma en aquellos momento en que sabemos que es necesario, para nosotros mismo y, en ocasiones, para otros.
Buen homenaje, Maribel
La fot de la rosa es preciosa.
Por supuesto, Bob Marley, magistral.

Hace seis años publiqué algo... tú no estabas... te interesará
http://cristalrasgado.blogspot.com.es/2010/03/352-c-er-o-di-eci-s-ei-s.html

un beso

· LMA · & · CR ·

Aristos Veyrud dijo...

No cejar ni un instante en esta dura lucha, ni una letra, ni una respiración. Es mucho lo que hay que quitarle a la ignorancia y a la indolencia a favor de la justicia femenina. Cada lágrima que sean muchos pasos, muchas rosas, y muchas sonrisas hacia la victoria. La ignominia no se puede dar más tiempo del que ya ha tenido.
Besos Artista y Guerrera!!!

Ginebra dijo...

Los chicos deben sensibilizarse de este problema desde pequeños. Ha crecido mucho el maltrato femenino entre la población adolescente, sobre todo con la cuestión de las redes sociales. Muchas veces ellas, las adolescentes, confunden amor con el control a que les someten sus parejas y hay que informarles de que hay múltiples formas de violencia de género y que al menor indicio deben denunciar y, por supuesto, acabar la relación.

Yo creo que cualquier tipo de acto, Chousa, es positivo y llevar el símbolo, el lazo morado, es rechazar la violencia.

Ñoco, ¿no estaba yo hace seis años? Voy a leer ese post. Gracias

Es verdad, Aristos, la ignominia en esta cuestión ha estado presente durante siglos, ya es hora de que comencemos a trabajar todos y todas por esta igualdad que debe concretarse a todos los niveles: trabajo y salario, oportunidades, leyes internacionales que se cumplan, etc...

Besos y buen día.

Gabriela dijo...

Desde aquí también me uno.
Cotidiana es la lucha, ya que se ha agravado muchísimo en América latina. Sucede una muerte cada 30 horas...Es parte de mi trabajo, y como madre y terapeuta visualizar detalles que detonan es mas que una herramienta.
Transformar desde la formación solidaria es extraordinario.
Abrazos!!

Sara dijo...

Precioso Maribel, precioso, hay que gritarlo muy alto. Mi cole es masculino (ya sabes, profesiones que aún se catalogan, se viven y se eligen como masculinas) hay muchos más alumnos que alumnas y tuvimos una actividad que me heló la sangre...me dejó el alma entristecida, y no me cabe la menor duda de que algo estamos haciendo mal NO, ¡¡MUY MAL!!.
Mi abrazotedecisivo Maribel

Ginebra dijo...

La formación es la clave, Gabriela.
Besos

Yo creo, Sara, que en general las cosas no las hacemos bien, mejor dicho: no se hacen bien. Soy más de la actuación individual y sumando esfuerzos y granitos de arena, se puede transformar, al menos, el entorno más próximo y, des ser así, sumando entornos, podríamos tejer "una red" de buenas prácticas o de ideas solidarias hechas realidad... en fin, de eso ya habló el anarquismo en el siglo XIX...
Siento que hayas tenido una mala experiencia en este tema, eso no es lo normal, quizá habría que desclasificar el mundo laboral, el de las profesiones, también desde la educación más temprana...

Besos para las dos, qué tengáis una muy buena semana.