13 julio 2017

Sobre la filosofía


Negro y azul. Foto de Ginebra

Revisando algunos apuntes y releyendo a los filósofos de la naturaleza, a esos pioneros del pensamiento racional que no se conformaban con las explicaciones irracionales sobre el origen del universo y las cosas que nos rodean, me detengo en Empédocles, por parecerme, como poco,un tipo interesante.

Resulta que este hombre, al contrario que sus contemporáneos monistas, propone, como sabemos, que todo está compuesto por cuatro elementos y no por uno solo (tierra, aire, agua y fuego) , hasta aquí nada que pueda dejarnos perplejos, porque otros filósofos opinaban los mismo. Ahora, lo que tiene de "inquietante" (por calificarlo de alguna forma) y original su pensamiento y lo que me sorprende es esto otro: opinaba que el origen de todo radica en atribuir al movimiento de la materia los impulsos psíquicos del amor y el odio como factores motores de cambio o de la transformación. Según él, el amor crea todo lo que existe porque es capaz de aglutinar estos cuatro elementos, unirlos; en cambio el odio los separa, con lo cual es el artífice de la destrucción.

La teoría cosmológica, no me negarán, es atrevida en tanto que aglutina las emociones, que son abstractas o metafísicas (ya que estamos hablando de filosofía) con los elementos físicos. Pero además, son estos sentimientos tan primarios (en el sentido de que son innatos y presentes siempre en nosotros) los que conforman no sólo la naturaleza o esencia del ser humano, que hasta ahí llegamos, si no que son los creadores de todo lo que nos rodea.

Todos hemos amado alguna vez, aunque no a todos nos haya durado el amor en el tiempo de la misma forma. También hemos odiado con mayor o menor grado de intensidad. Y estos dos sentimientos nos han desbarajustado bastante nuestra propia existencia, seguramente. Amor y odio, como materias en constante transformación y principios básicos del Ser. Fuerzas contrapuesta o dialéctica emocional como constructoras de lo que somos y hacemos durante nuestra existencia.

Es fascinante acercarse a la historia de la filosofía, porque es realmente maravilloso contemplar como históricamente el hombre se ha detenido a pensar sobre lo que ve y sobre lo que no ve, pero intuye de una forma u otra. En esta sociedad nuestra tan "decadente" y compulsiva, tan consumista y generadora de pensamientos ligeros y simples, lo que denomino de "fácil digestión", no parecen tener un espacio propio las ciencias sociales y la filosofía en concreto. Pero lo paradójico de todo es que es ahora mismo,pienso para mis adentros, en este preciso momento en el que vivimos, cuando más necesitamos de esta base humanística para comprender y comprendernos y, sobre todo, para retomar el rumbo y evitar que permanezcamos eternamente en una especie de deriva emocional.

La actitud crítica tan necesaria hoy, es vital en cualquier acto que emprendemos, desde la revisión reflexiva del yo hasta el mundo en el que implementamos nuestro propio devenir como individuos. La filosofía es una ciencia necesaria y útil, aunque traten de convencernos de lo contrario. Lo padecemos cuando en el currículo de ESO y Bachillerato, las horas lectivas disminuyen o pasan de ser materias comunes a ser simples optativas con mayor o menor éxito, dependiendo del profesor que imparta la materia o de los itinerarios sesgados que los alumnos y alumnas han de solicitar.
Personalmente considero que esto es un fallo terrible del sistema o, a saber, una manipulación consciente del propio sistema para evitar precisamente que pensemos y no nos conformemos con nuestra primera impresión y busquemos la verdad que está ahí  fuera esperando a ser encontrada, al menos nuestra verdad.

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