03 noviembre 2017

De paraguas


A las ocho en punto de la tarde se encendía el farolillo de la casa número ocho, en la calle de los sauces.
A esa hora, cuando los días se acortaban y la lluvia resbalaba en los paraguaslos chiquillos del barrio volvían a casa, siguiendo la orden irrebatible de sus padres. A las ocho acababan los juegos infantiles y comenzaban otros cuyo eje vertebral eran los besos furtivos entre las sombras, a salvo de la luz indiscreta de las farolas, y lejos de las miradas escondidas tras los visillos de las ventanas.

Paisajes. Fotos de Ginebra

5 comentarios:

Sara dijo...

Sensual, entrada llena de sensualidad, y a la vez, de recuerdos entre sol y sombra, de recuerdos de infancia en cualquier pueblo de España, supongo que también del mundo.
Me has hecho reflexionar, las fotos preciosas, en ese blanco y negro mágico, ese sauce llorón, y ese otoño que ya nos llena por completo con esos, su días, que tanto se acortan, y que yo no soporto...ojalá el otoño fuese como es, pero con la luminosidad de los día se junio...sería ya PERFECTO.
Mi abrazotedecisivo guapísima.

Chousa da Alcandra dijo...

Benditos sauces, colaboradores imprescindibles para mitigar tanto exceso lumínico favorecedor de la furtividad de besos y algunas licencias táctiles tan sutiles como sabrosísimas...

virgi dijo...

Me parece como si hubieras estado en Lanzarote, ese arbolillo al lado de la ventana bien podría ser.
La vida mientras pasa el tiempo y unos crecen y otros se enamoran.
Besos, mi niña, gracias por la visita.

Aristos Veyrud dijo...

Las fotos recogen y regocijan a fidelidad escenario y razones para que florezca tan maravilloso relato.
Abrazos Artista!!!!!!!

Gabriela dijo...

Lo sutil que se mueve a medias luces.
Siempre recreando, suenas bien!