25 junio 2018

Encadenados


Desde que recordaba, toda su vida había estado unida a su padre y a los caballos, porque el primero sin los segundos no se entendía.

Según le contaba su madre, ya de bebé la llevaba en brazos a los entrenamientos en el centro ecuestre en el que tenían dos yeguas y un caballo de salto en pupilaje. Allí, su padre, montaba varias tardes a la semana y algún día del fin de semana.

A los cuatro años montó por primera vez. Sujeta por la cintura, sentía su mano fuerte y cálida que le transmitía una mezcla de amor y confianza difícil de explicar. Se acuerda de que no llegaba a los estribos, y de que el animal le imponía, pero fue capaz de dar una vuelta completa al arenero.

A los seis años había comenzado a saltar obstáculos y su pasión crecía al compás de sus piernas y brazos, hasta que ella sola pudo cepillar, ensillar y montar casi cada día después del colegio.

Cuando cumplió la edad que la federación exigía , comenzó a participar en los distintos certámenes de salto que se celebraban en la región. Después vinieron los de mayor nivel y dificultad: las pruebas nacionales, las competiciones continentales y, por último, los juegos olímpicos.

De su padre recuerda ese afán por enseñarle y ese amor compartido por los equinos, esa pasión que, en su caso, se agrandaba con el tiempo hasta convertirse en una necesidad vital.

En sus sueños aparece nítido ese hombre tan querido, su padre,  y todas las yeguas y potros con sus nombres, sus manías y sus miedos... Ese tiempo pasado que les vincula únicamente a los dos...


Encadenada al palo que le sirve de sostén, la rosa blanca espera la luz del atardecer. Vencejos y golondrinas se disputan los insectos. La urraca persigue al milano con su pico inquisidor.
La rosa blanca espera un verso, tal vez sobre el sol que desaparece en el horizonte añil.

9 comentarios:

Ildefonso Robledo dijo...

Muy bella unión de tus palabras y las imagenes... Muy bello todo, amiga

Ginebra dijo...

Gracias, Ildefonso. Buen día.

acga dijo...

·.
Una bella historia de amor con posibles tintes autobiográficos.
Un palo-tutor es siempre imprescindible... hasta cuando ya no es necesario.. Entonces queda el recuerdo que mantiene a ambos unidos para siempre, sin dependencias.
Ojalá tu bella rosa encuentre el verso adecuado.
Preciosa canción para una dulce voz. No la conocía.
Un beso Maribel

LMA · & · CR
.

Ginebra dijo...

Mi padre siempre ha tenido caballos y yeguas, pero como animales de tiro, y para desplazamientos hasta las fincas. No es mi historia, aunque hay similitudes en cuanto a que me crié con equinos alrededor y montaba desde chica. Qué bonito lo que dices sobre el palo tutor y la rosa... besos

Sara dijo...

Preciosa entrada de AMOR con mayúsculas...amor fraterno, amor por los animales, amor por los progenitores, AMOR y además sabes? conseguiste transportarme a tu lugar, escuché a esos vencejos y a tus golondrinas...y me quedé atónita con tu horizonte añil.
Qué bien volver a recuperar la paz y la calma, creí no conseguir superar estos meses de mayo y junio...¡qué carga de trabajo por favorrr!
Buen verano Maribel, disfruta mucho de estas vacaciones merecidísimas.
Mi abrazotedecisivo

alp dijo...

Desde luego muy interesante...yo nunca he montado en caballo...un saludo desde Murcia....

Efraín Luzbel dijo...

Rosa blanca

La luz del día se apaga;
rosa blanca, sola y muda,
entre los álamos vaga
de la arboleda desnuda.

Y se desliza tan leve
que el pájaro, adormecido,
toma su andar por ruido
de hoja que la brisa mueve.

Ni para ver en su ocaso
al sol hermoso un instante
ha detenido su paso
indiferente y errante.

Ni de la noche llegada
a las tinieblas atiende,
ni objeto alguno suspende
su turbia incierta mirada.

y ni lágrimas ni acentos,
ni un suspiro mal ahogado
revelan los sufrimientos
de su espíritu apenado.

¡Tal vez de tantos gemidos
tiene el corazón postrado!
¡Tal vez sus ojos rendidos
están, de mal tan llorado!

Tal vez no hay un pensamiento
en su cabeza marchita,
y en brazos del desaliento
ni oye, ni ve, ni medita.

Carolina Coronado (Almendralejo, 1820)

Ginebra dijo...

Un poema muy apropiado para esta foto. Hay gente que siempre "da en el clavo", que escoge la canción precisa, la imagen idónea, el poema exacto...Hay gente que deja huella, por ejemplo, Carolina Coronado, una mujer sensible y exponente del romanticismo en la literatura extremeña. EN Almendralejo hay un instituto que lleva su nombre.
Un beso

Gabriela dijo...

que bello volver y leerte.
Gracias.
Enriquecedor los comentarios