30 julio 2018

Luces y Sombras

Claroscuro. Foto de Ginebra

Ayer escuchaba la noticia de la liberación de la activista palestina Ahed Tamimi, tras ser condenada a ocho meses de cárcel por abofetear a un soldado israelí. Me alegré de su liberación y de su ánimo en cuanto a seguir resistiendo, a su fortaleza y empeño que no ha sufrido mella tras su paso por la cárcel.

Ahed se mostraba alegre, rodeada de su familia y de cientos de palestinos para los que esta joven es ya un símbolo de resistencia; pero al ser entrevistada en un momento de la noticia, habló de los centenares de menores palestinos arrestados de forma ilegal, que continúan en prisión. Amnistía Internacional habla de más de trescientos cincuenta menores detenidos y encarcelados, niños incluso de cinco años acusados de apedrear a los soldados, criaturas que sufren todo tipo de humillaciones y abusos dentro de los centros de detención. 

Me pregunto qué sentido tienen las leyes internacionales que prohíben el encarcelamiento de menores ¿Para qué están sin no se cumplen?.Es descorazonador leer la legislación y comprobar que en la mayoría de los casos que tienen que ver con aspectos humanitarios las leyes se incumplen constantemente y no pasa nada. Da igual que lo hagan países democráticos o dictaduras, el resultado es siempre el mismo: los tribunales internacionales miran hacia otra parte.

Este dato me entristeció, lógicamente. En la misma noticia se entreveraron la "cara y la cruz" que tiene implícito  cualquier acontecimiento; la luz y la sombra, ese claroscuro que todo en la vida lleva aparejado y que parece un lote único con el que tenemos que cargar en nuestra "mochila vital". Así pues, hay una delgada línea entre la felicidad y la tristeza, tan tenue que a veces el paso de lo uno a lo otro se lleva a cabo en menos de lo que dura una noticia en el telediario.

1 comentario:

Ildefonso Robledo dijo...

Toda una belleza... Me encanta la comparacion... Alegria y tristeza... Luz y sombras
Un abrazo, amiga