11 febrero 2019

Soñando

Foto de Ginebra, edición dasfisch.

Clava la mirada en el espejo que tiene en frente y se autorretrata . Piensa en el acto en sí, en el sentido  que éste encierra en sí mismo. Eran días que se alargaban en luz, la que entraba como un cauce a blanquear las estancias de toda la casa.

Ahora su mente fluye por el sueño de la noche anterior. En la plaza del pueblo se habían instalado los aperos para una función de circo, uno modesto y familiar de los que recorren los pequeños pueblos de sierra.
El bar más antiguo abrió, como cada tarde, y ahí estaba él, con camisa negra y sonrisa amplia. Pero no la reconoció ,como ella esperaba, y eso posiblemente la desilusionó. Y en la distancia, sin dar muchas explicaciones, le observó trajinar sirviendo mesas y atendiendo a la clientela. Él la miraba en la medida en que sus tareas se lo permitían, y le brillaban los ojos cuando sostenía la de ella.

En este enredo estaba cuando sonó el reloj y de un plumazo desapareció el tipo de la camisa, el bar, los saltimbanquis, el café, la música y el sueño. Hora de levantarse y saludar a la rutina, más que nada para que siguiera su curso sin demasiados sobresaltos.
Quizá pudiera proseguir con el sueño la noche siguiente, sin cortes o con ellos. El caso era, se dijo para sí, seguir soñando...

2 comentarios:

Efraín Luzbel dijo...

«Ella está junto a mi
Me digo que estoy soñando
Pero la presión de su mano contra mi mano me parece demasiado fuerte
Me despierto
Está sin lugar a dudas junto a mí
Loca felicidad
Enciendo
La luz brilla una centésima de segundo y después se apaga
(una bombilla que estalla)
La abrazo
(me despierto: estoy solo)».


«La ilusión» - Geroges Perec


Estoy convencido de que nuestros sueños son la base sobre la que se cimenta nuestro mundo personal. Soñamos todos los días. De algunos sueños, los más raros o disparatados, nos recordamos nada más levantarnos, siendo capaces incluso de contarlos a otras personas. Sin embargo, por suerte o por desgracia, la mayoría de los sueños no se recuerdan.

En cuanto al suyo, es de fácil interpretación: el circo, el bar, así como el camarero de la camisa negra y amplia sonrisa, solo son figurantes de los que sirve su subconsciente para llegar hasta esa persona cuya espiritualidad le hace sentir realmente única y especial, el erdadero protagonista de su enredo: Geroge Harrison. Lo que convierte el sueño en una pesadilla :):):)

alfonso dijo...


·.
Mi palabra...
Que es un buen autorretrato, de los que no es del todo explícito pero deja adivinar una buena modelo... con pose y estilo.
Y lo importante es seguir soñando, dormida o despierta. Ya te lo dice George... Something is something.
¡Vaya día hoy... I don't know...
Un beso

LMA · & · CR