23 mayo 2020

El pueblo

Plaza del pueblo con ave. Foto de Ginebra

La plaza del pueblo era singular en su prototipo o estilo arquitectónico. Unos soportales con arcos de medio punto un tanto rústicos que soportaban un segundo y hasta tercer piso con ventanas y balcones de la misma tipología anterior.

Encalada en blanco e igual en todo su perímetro rectangular estaba ocupada por edificios institucionales como el ayuntamiento y otros de ocio: bares, hospedería y terrazas. También alguna pequeña tienda de comestibles de esas que ya son una reliquia y que se vuelven más entrañables a medida que pasa el tiempo.

En la plaza hay un bar en el que sólo entran hombres, hombres de todas las edades. Generalmente dos y hasta tres generaciones de una misma familia se reúnen allí a tomar el vermut. Fui consciente de "este hecho insólito"cuando abrí la puerta y todos los presentes se giraron sin ningún tipo de discreción y me repasaron de la cabeza a los pies, dicho sea de paso. Me pareció, sin duda, cosa de otro tiempo, de otra España, luego pensé que la realidad siempre supera a la ficción. Pero no me sentí intimidada. Ya no tengo miedo a la "oscuridad".

Pedí una cerveza y me senté en una mesa de las cuatro o cinco que había, imaginé que ocupadas todas a la hora del café y la partida de cartas o dominó. De ajedrez, se intuía por el aspecto y la "bullaranga" reinante en el estrecho garito, que no abundaban esa clase de parroquianos, aunque este pensamiento era una simple conjetura.

La plaza es bonita y alegre, aunque a esas horas no hubiese nadie paseando en sus inmediaciones. También ese detalle la hacía un tanto especial. Me imaginé el cortejo de los mozos a las mozas en el  atardecer de otros tiempos no muy lejanos, cuando los pueblos estaban llenos de gente y el éxodo rural era aun un movimiento poblacional en pañales.Pensé que ahora serían comunes los botellones de los jóvenes y adolescentes a eso de la media noche de un sábado, una hora en la que se juntan los cuatro chicos y las tres chicas que siguen viviendo en el  pueblo.

La plaza de un pueblo es el corazón donde van a parar todas las arterias que son las estrechas calles empedradas que antaño fueron talleres o comercios en un espacio lleno de gente y de niños... ahora forma parte de esa España vaciada o vacía, como le apodan, y que tiene tanto que ofrecer a quien decide quedarse a vivir...

8 comentarios:

Erik dijo...

Tranquilidad, aire fresco.

Ahora aun mas si cabe.

Besos

Fernando Álvarez dijo...

Una descripción estupenda de esos pueblos y plazas que siempre han sido y serán, como bien relatas, el lugar más importante del pueblo.
La foto también me parece muy bonita con esa luz sobre las paredes blancas.
El tema de Robert Gray fantástico, un músico que me encanta como guitarrea.
Un abrazo

Ildefonso Robledo dijo...

Un lugar donde verse y hablar, simplemente, que no es poco... Un lugar en el que vivir en la calle
Un saludo, amiga

g dijo...

Mucho que ofrecer, todavía, pese a todo.
Me ha gustado lo pausado del relato.

José A. García dijo...

Me imagino a Don Diego de la Vega caminando bajo esos soportales a plena tarde, pensando en lo que haría esa misma noche, cuando los visitara siendo otro...

Saludos,

J.

alfonso dijo...

·.
Un buen relato que nos sitúa no solo en el centro de la plaza del pueblo sino en el centro del problema, el de la España vaciada (políticas que han conducido a esa situación... o España vacía, el resultado palpable del problema.
Esos pueblos tienen mucho que ofrecer peo no alcanzo a entender si nos estamos enterando de ello.
El tema me ha gustado. Música limpia y agradable.

Un beso Maribel... y cuidaros !

LaMiradaAusente · & · CristalRasgado

La utopía de Irma dijo...

Vaya temazoooo, ainss nuestros pueblines no se mueren los están matando que es diferente, está claro que hay muchas maneras de matar, luego en elecciones a los políticos se les llena la bocaza con la España vacía tan de moda ahora, no señores no está vacía está muerta porque la han matado y la siguen matando. Pero para eso ya tenemos a nuestra santa oposición que es como la inKisición pero en oposición, rebuznando a todas horas sin aportar ni hacer nada.

Esa birrita fría bien merece un rato de descanso, esa misma sensación tuve en un bar por Extremadura hace un par de años, que fuimos a ver Araujo y paramos a tomar una cerveza y solo eran paisanos, algunos con pinta de cazadores y otros no tanto, pero me sorprendió porque no había ninguna mujer, a mí tampoco me importó lo más mínimo, la Mahou estaba fría y lo demás cuento.

Besines utópicos.-

Alí Reyes dijo...

Buena tu reflexión acerca de las plazas de pueblo. Pero lo que más me gustó fue la anécdota de tu entrada triunfal a la taberna...risas
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La foto del caballo y el muchacho...Muy buena. En Venezuela llamamos a los tordos "moros"...y este como que es un "moro mosquea'o"
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Pero la foto que me encantó, fue la de la joven con su guitarra...¡Una maravilla!